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El anochecer del mundo (Capítulo 11)

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El anochecer del mundo (Capítulo 11)

Mensaje por Kim Kaninchen el Dom Sep 20, 2015 1:08 am

Capítulo 11:
“Peleas y obstáculos”

Lo único que podían hacer ahora era ir y buscar a Kurō y la BLACK BOX, ignorantes de lo que ahora mismo podría estar pasando con él. Kaoru estaba tan temeroso ante ese pensamiento, ¿alguien lo habrá encontrado ya? ¿Un enemigo o un aliado? ¿Estará pensando en abrir la BLACK BOX? Pero no importaba lo que le dijeran, él seguía tan preocupado que no parecía ser el mismo.
Los carneros aparecían a montones y llegaban a dar miedo desde ahora, cada vez se veían más alocados y con eso, más peligrosos. Si de por sí son peligrosos en número cuando están en un estado normal, ahora que se veían hambrientos y en número, eran mucho más peligrosos. Tanto que llegaba a obligar a usar sus habilidades a algunos de los presentes.
Akiza continuaba usando su guadaña, mientras que Kurapika usaba sus cadenas. Yin mordía como toda buena niña Dayue, Atisha rasguñaba. Zu usaba sus habilidades de tierra y naturaleza para acabarlos mientras Kaoru usaba su katana.
Sin embargo, lo que parecían ser puros carneros cambió ante unas presencias un poco diferentes que Yin rápidamente sintió. Antes de que ella pudiera morder a otro carnero, esquivó un ataque proveniente de tal lugar que fue seguido de otro y otro. Pero claro, Yin parecía ser una campeona de gimnasia, que evadía tales ataques con gran facilidad en unas cuantas volteretas.
Cuando Kaoru se percató de ello, miró a los atacantes al igual que los demás con excepción de Zu, quien solo escuchaba. Los carneros se calmaron y entonces ellos hicieron su aparición; eran dos chicos, una chica y un chico. La chica tenía cabello negro y ojos azules, mientras que el hombre tenía cabello castaño y ojos grises.

—¿Quiénes…son ellos? —se preguntó Kaoru al verlos.

—¡No podemos permitir que avancen más! —exclamó la chica orgullosamente—. ¡Sadaya-sama así lo quiere y no podemos permitir que lleguen hacia la BLACK BOX!

—¡Es mejor que se rindan aquí y ahora! —ahora exclamó el chico de la misma manera—. ¡Y entonces tendremos piedad!

—¿Quiénes son estos payasos…? —se preguntó ahora Akiza. Notando, que ellos parecían estar tan seguro de ellos mismos—. No tenemos tiempo, tenemos que irnos rápido.

Akiza los ignoró y miró a sus compañeros, quienes asintieron con la cabeza. Pero al ver que ellos habían sido ignorados, los chicos se enojaron.

—¡¡No nos ignoren de esa manera!! —reclamó la chica—. Tch, Harry, parece que no podemos hacer más. ¡Tenemos que darles una lección!

—Y que lo digas, Kaila —mencionó el chico, Harry—. ¡Vamos a por la más débil primero!

Y rápidamente, en un ataque junto de estelas de luz, los chicos se dirigieron a Yin. Sin embargo, aunque Kurapika pareció inquieto y a punto de hacer algo, notó que ni siquiera Kaoru se inmutó. Entonces, cuando los chicos se acercaron lo suficiente a Yin, esta simplemente los detuvo con sus manos, con tal facilidad que incluso sorprendió tanto a Akiza como a Kurapika. Claro que, Harry y Kaila también se sorprendieron.

—¿Están diciendo…que parezco alguien débil? —Yin alzó su mirada, mirando a los chicos y deteniendo sus puños con sus manos. Lentamente, los fue apretando de tal manera, que los hizo chillar de dolor.

—¡¿Qué demonios le dan de comer a esta niña?! —Preguntó Harry casi chillando de dolor al ver sus manos ser aplastadas de tal forma. Cuando Yin los soltó, ambos comenzaron a sacudir sus manos en señal de dolor—. ¡¿Es que sí se tomó su Danonino?!

—Creo que le quitó su Danonino a aquella enana —Kaila apuntó a Akiza, quien intentó retener sus ganas de cortarle la cabeza—. Sea lo que sea, ¡las niñas de ahora sí que son duras!

—Nos estamos atrasando, ¿nos vamos ya? —preguntó Yin mirando a sus compañeros, a lo que provocó que Kaila se volviera a enojar.

—¡No nos ignores de esa manera!

—Chicos —ahora habló Zu—. Debemos encontrar a Kurogitsune-sama pronto, no me quiero perder mi programa de la noche.

—Oh, ¿esa de zombis y romance? —preguntó Kaoru con una débil sonrisa—. Sí, es un buen programa.

—¿Zombis y romance? —Kurapika arqueó una ceja—. ¿Qué tipo de programa es ese?

—Uno no muy bueno, por lo que escucho —afirmó Akiza.

¿Ellos… estaban teniendo una conversación casual frente a ellos, unos enemigos? ¡¿ENSERIO?! No, no solo eso. Están rodeados de carneros hambrientos y tienen una bomba de tiempo de nombre Kurō, entonces, aparecen Harry y Kaila, de quienes se deberían deshacer lo antes posible para poder encontrar rápido a Kurō pero, ¡¿Se entretienen hablando de un programas de Zombis y romance?! ¡Si fuera Zombis y gore sería comprensible! ¡¿Pero romance?!

—¡Dejen de hablar de esa manera frente a nosotros! —volvió a ordenar Kaila—. ¡Somos el enemigo, deben de hacerse cargo de nosotros también si quieren llegar hasta Kurō! Aunque claro, seguro ya es demasiado tarde y…

Al momento que dijo eso, rápidamente se quedó helada al sentir el filo de una espada al lado de su cuello, tan, tan pegado, que podía sentir el frío del acero con el que estaba hecha. Cuando levantó un poco su mirada, vio a Kaoru que era quien le apuntaba de esa manera. Sin embargo, al contrario de cómo se mostró antes, esta vez se veía sombrío, de tal manera, que hasta llegaba a dar miedo.

—¿Por qué, dice que puede ser demasiado tarde? —preguntó Kaoru con un tono amenazante y frío, a lo que Kaila tragó saliva temerosamente.

—Yo…

Al momento en emitió un intento de respuesta, Kaoru se alejó rápidamente al ver que Harry le atacó de vuelta y Kaila retrocedió, mirando con una gota de sudor en su mejilla a Kaoru. Por unos momentos, pudo ver un aura inusual que llegaba darle miedo. Un aura oscura y siniestra que no había visto antes. ¿No se supone que era el otro gemelo el que tenía el HES? ¿Qué demonios sucede con este tipo?

—Kao-chan… —Yin habló, dando unos pasos hacia adelante—. Es mejor que ustedes vayan a buscar a Kami-chan, nosotros nos haremos cargo de estos dos intentos de enemigos. ¿Verdad, Atisha?

—Dije que te ayudaría. Podré ser un demonio pero cumplo mis promesas —afirmó el gato, sentado en el suelo.

—Yin… pero tú…

—¿Una niña? —volteó a ver a Kaoru—. Puede, ¡pero también soy un Dayue! Y estos dos necesitan saber que no todo lo que tiene apariencia infantil, es débil. Además Atisha estará conmigo, ¡nos cuidaremos mutuamente!

Kaoru comprendió rápidamente las palabras de su hermana menor y retrocedió un poco, a lo que recibió la atención de Kurapika.

—¿Enserio dejarás a tu hermana menor aquí? —él preguntó, intrigado—. Pero ella no pasa de 10 años…

—Pero es Yin —él le contestó en una débil sonrisa—. Y nosotros debemos encontrar rápido a Kurō.

—¡exacto! —reclamó Yin desde su punto—. ¡Así que dense prisa!

—No me gustaría dejar a una niña aquí, pero tienen razón, Kurapika —mencionó Akiza, mirando a su compañero rubio—. Todo es necesario para llegar a nuestro objetivo.

¿Qué clase de razonamiento era ese? Entiende perfectamente que deben de llegar hasta a Kurō antes de que algo estúpido ocurra, sin embargo, el hecho de dejar a una niña que no parece tener ni la más mínima idea de una verdadera pelea… Cerró los ojos con cierta preocupación, pero no había tiempo de decir nada ni de reprochar, eso solo haría que las cosas se atrasaran y sería una metida de pata monumental. Por lo que no pudo decir más y, junto a los demás, se marchó, dejando a Yin y a Atisha detrás con Harry y Kaila.
Yin se quedó mirando a sus dos enemigos, quienes parecieron nerviosos en cierta forma.

—Ustedes intentaron atacarme… y no solo eso, quieren también hacerle mal a mis hermanos… —Yin cerró los ojos tan pronto como decía—. Y no lo puedo permitir, porque Kao-chan me prometió una Katachi-chan si sacaba buenas calificaciones.

Un viento inusual comenzó a aparecer en escena mientras los carneros miraban con ahora, cierto temor. Atisha se mantuvo con una sonrisa burlona, mirando a su alrededor. Entonces, mientras que el viento agitaba violentamente el cabello de todos, de Kaila, de Harry y de Yin, haciendo que las quemaduras en la cara de ésta última se hicieran aún más visibles. Yin abrió los ojos, haciendo ver una pupila rasgada y sus ojos brillando en su usual azul.

—¡Y yo quiero esa Katachi-chan!

No, no era una buena motivación, pero aun así no se contuvo a atacar a los carneros y a los dos chicos por igual. ¡Todo por Katachi-chan!

+w+w+w+w+w+ww+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Lo único que podía ver ahora era la sangre esparcida en el suelo de su antiguo enemigo. Su cabeza ya no estaba más unida a su cuerpo, en cambio, ahora, él mismo, mantenía la espada ensangrentada en su mano con la que había hecho eso. De esa manera, Kyōhei respiraba agitadamente después de haber terminado esa batalla. En el momento que fue atrapado por el látigo de Denver, se dio cuenta que su fuego amenazaba con apagarse, aún si era un fuego eterno, ahora mismo no tiene la suficiente fuerza como para mantenerlo encendido durante largos períodos, por lo que decidió acabar con la batalla rápido.
En sí, él no había usado armas durante toda la batalla, pero al final se vio obligado a hacerlo, decapitando a su enemigo en el trayecto. De esa manera, la batalla resultó con su victoria.
Alzó la cabeza y miró el cielo, pensando en que debe ir con sus hermanos rápido. Logró deshacerse de un enemigo, pero podrían aparecer más y más. Y, si al final se les acaban las manos… Bueno, es que también prometió que les protegería. Cerró los ojos de tan solo pensar en ello.

+w+w+w+w+w+ww+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Esto no pintaba bien de ninguna manera, Samir pudo darse cuenta de ello. Kurō no sabía que pensar, mantenía sus manos en su cabeza con la cabeza agachada, haciendo una mueca de dolor. Quería apiadarse de él, pensando que la mejor forma era acabar con él y acabar con todo sufrimiento. No dudaría que Kurō se lo pediría tarde o temprano. Ese pensamiento cruzó por su mente, pero, no puede hacerlo.
No… en este chico, pelinegro de llamativos ojos rojos… ve a alguien. Esos rasgos, esa manera de intentar evitar el dolor, esos mismos problemas mentales. Alguien los tenía con anterioridad, pero, estaban en un bando totalmente distinto. Entonces, Samir no pudo hacer nada para salvar a esa persona porque desde un comienzo no supo lo que ocurría con ella. Ahora lo sabe, y podía hacerlo. Podía hacer algo para salvar lo que esa persona dejó atrás: a su hijo.
Quiere salvar a los hijos biológicos de Sayo Sakurai, su exesposa. Porque, él no pudo salvarla a ella.
Con ese pensamiento en su cabeza, Samir bajó su espada y dejó de apuntarle. Él ahora mismo no lo veía, pero el Enterrador se notó sorprendido y en cierta manera, frustrado. Si no atacaba, entonces Kurō no lo haría. ¿Será que se había dado cuenta de ello?

—No planeo atacarte, Kurō —mencionó Samir, intentando ser comprensivo—. No puedo hacerlo.

—¿No puedes…matar a la persona que está siendo solo un problema? —preguntó Kurō. Su tono era ligeramente agudo, cargado con un considerable dolor y tristeza.

Samir cerró los ojos al escuchar eso.

—Escúchame, yo…

Pero antes de que terminara, un ataque le vino de la nada. Una fuerte ráfaga de viento que le obligó a alejarse de Kurō, quien no pareció inmutarse. Samir se percató que ese ataque no provenía de Kurō si no de alguien más. Rápidamente volteó para ver a Adeline, entrando al mismo lugar donde ellos estaban y alejando a Samir de Kurō, sabiendo lo que quería desde un comienzo.

—No, él no es como Sayo, Sabrae —ella dijo en un tono burlón—. Pero al igual que ella, dudo que puedas salvarlo. Porque, eres tan incompetente, que no te das cuenta de las cosas hasta que todo termina.

Samir soltó un gruñido e inconscientemente su mirada se fue hacía Kurō, quien no hizo más que tomar la BLACK BOX, más no intentar abrirla. Eso fue algo que le calmó en cierta manera. Porque, quería decir que Kurō aún mantenía sentido de lo que hacía.

—Kurō, escúchame —llamó Samir. Sonrió internamente al ver que en cierta manera, Kurō volteó a verlo—. No sirve de nada estarse lamentando. Tú no decidiste nacer con esa enfermedad, nadie puede decidir cómo será en la vida. Pero, si puedes decidir lo que quieres hacer en ella.

—¿Enserio serías capaz de decidir? —preguntó ahora el enterrador, aparentemente mirando a Kurō, pero era difícil de deducir con su mirada oculta bajo el flequillo.

¿Decidir lo que quiere hacer? ¿Realmente alguien como él pude decidir?
Miró la BLACK BOX y después de GOLDEN KEY. En sus manos, ahora mismo, está lo que podría destruir este mundo de así quererlo. Pero, aún con ello, Samir no se lo quitó de golpe y lo mató como él esperaba en el fondo. Si no que, le está dejando elegir. ¿Es tanta la confianza que le tiene, que sabe que no elegirá acabar con todo? Porque…

—Tiene razón.

Tan pronto como dijo ello, el Enterrador se sorprendió y Kurō tomó los tesoros de Shura mientras lentamente se levantaba del suelo.

”Él realmente tiene razón. Kamui, incluso en estos momentos de oscuridad, debes mantener tu vista en…”

—El último resplandor —él sonrió débilmente al momento que dijo eso. Solo había una persona que llegaba a decirle esa frase, su querido padre adoptivo, y él ya no estaba más en este mundo. Pero, de alguna manera, siente que sigue al tanto de él incluso después de todo lo que hizo.

Samir se dio cuenta de lo que Kurō planeaba y se puso firme en contra de Adeline, que pareció molestarse al ver lo que Kurō había decidido. Mientras tanto, el Enterrador también parecía estar enojado, pero no podía hacer nada. ¿Verdad? Porque no existía y no era más que una ilusión, ¡una alucinación!

+w+w+w+w+w+ww+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Conforme fueron corriendo por las calles y deshaciéndose de algunos carneros, las cosas fueron dificultándose poco a poco. Akiza incluso se vio obligada a usar sus habilidades de hielo, creando algunos pilares para evitar contacto con los carneros estúpidos todo poderosos —lo sé, no son todo poderosos, pero me hacen gracia imaginármelos—, y que parecían tener rabia.
Con ello, Kaoru también usaba un poco de su magia al verse obligado y cansado de tanto ataque físico. Su espada había dejado de ser suficiente y recurrió a ello, deshaciéndose de unos cuantos carneros con choques de magia pura. A este paso, no iban poder llegar a su objetivo.

—Realmente no se acaban, ¿verdad? —Zu sonrió tímidamente al tan solo pensar lo que ocurriría si no logran deshacerse de todos los carneros—.

Al momento que Akiza y Kurapika se deshicieron de unos cuantos más, no se percataron que otros carneros se aproximaban por sus espaldas. Esas bestias estaban comenzando a tener inteligencia, ¡aprenderán a abrir puertas dentro de poco!
Y la verdad los hubiera agarrado desprevenidos si no fuera porque una gran llamarada los golpeó e hizo desaparecer. Ah, porque no se quedaban ahí muertos, desaparecían y eso daba sospecha que, cuando los mataban, éstos se desaparecían, se iban a curar y volvían a aparecer en el campo de batalla.
Entonces, ambos vieron que era Kyōhei que los había acabado en menos de dos segundos. Kaoru pareció alegrarse de ver a su hermano sano y salvo, pero la situación no dejó que se acercara y se asegurara de que estuviera bien. En cambio, lo que hizo Kyōhei en vez de hablar, fue seguir deshaciéndose de unos cuantos carneros.

—Dudo que incluso con tu ayuda podremos hacer algo contra ellos —Afirmó Akiza tan pronto como cortaba uno de los carneros con su guadaña.

—Lo sé —Kyōhei afirmó—. Es por eso que ustedes deberían darse prisa.

—¡¿Qué estás diciendo, Kyōhei?! —Kaoru reclamó al escuchar decir eso a su hermano—. ¡Acabas de regresar de una pelea! ¡¿Crees que te dejaría solo de nuevo?!

—Yo le ayudaré —Zu intervino—. Y si necesitamos ayuda, siempre podemos recurrir a la invocación de espíritus. ¿A que sí, Kyōhei?

El pelinegro asintió.

—¿Cómo pueden estar tan seguros de que ustedes podrán contra ellos? —preguntó Kurapika, rodeando con sus cadenas a algunos carneros y deshaciéndose de éstos. Curiosamente, eran carneros que se acercaban a Akiza.

—Porque de lo contrario moriríamos —agregó Kyōhei—. Y aún tengo razones para seguir viviendo. Ustedes dos acompañen a Kaoru y vayan a por Kurō. Eviten que ese idiota se meta en más problemas de los que ya provocó.

Eran tantos carneros que no pudieron hacer más que deshacerse de ellos en un intento de tener un poco de paz y tratar mejor el asunto. Era claro lo que Kyōhei sabía que iba a hacer desde un comienzo. No es como si él tuviera una relación lo suficientemente grande con Kurō como para hacerlo entrar en razón, es por eso que le dejó esa tarea a Kaoru desde el comienzo. Y, ahora, que ha podido ver mejor las habilidades de estos dos chicos, sabe perfectamente que con ellos a su lado, Kaoru podrá llegar sano y salvo hasta él.
Es por eso que desde un comienzo él se quedó como cebo para que sus hermanos se hicieran paso. Es lo mínimo que puede hacer después del problema que él le llegó a provocar a Kurō.

—Entonces tenemos que confiar en sus palabras —comentó Akiza—. Y tenemos que darnos prisa.

Ella no se hizo esperar y junto a Kurapika, se abrieron paso entre los carneros. Kaoru tenía que seguirlos, sí, pero no quería dejar a su hermano solo de nuevo. Aunque, bueno, esta vez no estaba tan solo sino que estaba con Zu también. Le hecho una última mirada a su hermano y terminó por seguir a Akiza. Mientras tanto, Kyōhei y Zu se pusieron de espalda a espalda, rodeado por los carneros.

—¿Quieres un reto de ver quien puede acabar con más? —Preguntó Zu serenamente con una sonrisa mientras abría sus ojos. Unos orbes azules que no parecían mostrar vida en lo absoluto.

—Por mí me da igual —resopló Kyōhei.

Al momento, los carneros que no habían sido eliminados por Akiza, Kurapika y Kaoru, se lanzaron a atacarlos.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Listo, eso es todo por hoy. Lamento haber tardado en publicar el siguiente cap u.uU no tuve mucha imaginación ni mucho ánimo el día de ayer. Pero aquí está sin falta owó Espero que sea de su agrado y no les aburra. Sin más, Kim-chan se despide

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Re: El anochecer del mundo (Capítulo 11)

Mensaje por Akiru el Lun Sep 21, 2015 10:03 pm

wooo kuro al fin se decidio y tomo la decicion correcta !! esa alucinacion de el no me da buena espeina -.- samir acabara facil con adelaide y ... waaa tanto por cometar es que .. todo es .. tan genial!! y esa yin aria todo por katachi! xD esta genialoso tu fic me encanta lo adoro espero la conti super ansiosisisisima!

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