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El anochecer del mundo (Capítulo 10)

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El anochecer del mundo (Capítulo 10)

Mensaje por Kim Kaninchen el Vie Sep 18, 2015 12:30 am

Capítulo 10:
“El encuentro”

Lo primero que hicieron al poner pie sobre la calle, fue pelear con algunos de esos carneros. ¿Cómo si no? Si la ciudad estaba infestada. Dan incluso por hecho que quizás hay algunas otras personas con habilidades que están peleando con ellos por el simple hecho de defenderse, puesto que los carneros atacan por igual.
De esa manera, Kurapika y Akiza tenían problemas en llegar a su objetivo. Los carneros eran muchos y no les permitían llegar.

—Parece que son débiles —afirmó Kurapika, usado una de sus cadenas para deshacerse de unos cuantos—, pero fuertes cuando están en números.

Y Akiza no le contestó, se dedicó a cortarlos con su guadaña.
Algo que ninguno se dio cuenta, era de un sonido que era opacado por el gruñir de aquellos carneros. Un sonido de algo que parecía estar revotando por todas las estructuras, sea cual sea. Ninguno se dio cuenta, que, ahí, había una hoja de acero acechándoles. Y la verdad, siguieron sin darse cuenta, hasta que ésta las iba a atacar y entonces, la tierra se levantó en defensa de estos.
Ambos se sorprendieron y dejaron de pelear por unos momentos. Iban a ser atacados y ninguno se dio cuenta… no, no era eso. Alguien los defendió. No era alguien que conocían pero, rápidamente miraron quien era. Un joven de cabellos negros y piel blanca, que tenía rasgos muy finos para ser alguien de su misma nacionalidad. El hecho de que mantenía los ojos cerrados aspiraba paz y en cierta manera era molesto. No podía saberse el color de sus ojos. También mantenía un pañuelo en su cabeza que se movía violentamente por el viento.

—Deben poner más fe en lo que se escucha a su alrededor —afirmó el joven misterioso mientras se acercaba a ellos—. De esa manera no lograrán llegar a su objetivo.

—¿Quién… eres tú? —preguntó Kurapika. Claro, no era normal que un chico apareciera de la nada y les ayudaría. Para comenzar, daban por hecho de que ninguno aparecería.

—Soy Zu Wang, un amigo de Kurō-sama —él se presentó con una débil sonrisa, pero sus ojos se mantenían cerrados—. Alguien me informó de lo que pasaba y bueno, al escuchar que no había nadie en la ciudad más estas cosas, decidí ayudar.

Zu Wang, un joven que parecía manejar la tierra a su antojo, aunque, parecía que podía más dar que ello. Él en realidad, tampoco parecía poder ver, puesto que se guiaba más por los sonidos que las cosas emitían, esto lo notó Akiza, quien hizo un sonido apropósito para comprobarlo. Sin embargo, el hecho de que era ciego, no parecía ser un problema para él, puesto que creó una barrera de roca para evitar que los carneros entraran con ellos, algo que en realidad les sirvió mucho, puesto que necesitaban un descanso.

—Saben, me doy una idea de donde está Kurogitsune-sama —mencionó Zu, captando la atención de los chicos—. Pero necesito un poco de ayuda para llegar. Y, ahora que veo que ustedes tienen las mismas intenciones, creo que sería bueno ir juntos, ¿no creen?

—¿Cómo puedes estar seguro de que Kurō puede estar donde…?

—Por qué lo conozco —interrumpió a Akiza—. Pero si no quieren no los obligaré. Quizás están mejor ustedes dos solos, peleando como pareja.

—¡Nosotros no somos pareja! —reclamó Kurapika, a lo que Zu hizo una expresión de confusión—. No por el hecho de que somos un hombre y una mujer peleando juntos, des por hecho de que somos pareja.

—Oh, me disculpo entonces. No sabía eso…

—Dejen de hablar de ello —interrumpió Akiza, apurada en cierta manera, pero seguía manteniendo su aura helada—. Esos carneros parece que están buscando la forma de atravesar las rocas. Debemos movernos rápido si queremos llegar antes de que nos interrumpan.

—Así que tú también… te has dado cuenta de que estamos siendo perseguidos, ¿verdad? —Kurapika miró a Akiza—. Sí, démonos prisa. ¿Dónde crees que puede estar Kurō?

Al momento que Kurapika le preguntó, mirándole, Zu sonrió débilmente.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Aun si su látigo era rápido, Kyōhei lo era aún más. Denver estaba comenzando a tener problemas con las habilidades de Kyōhei, que, usaba la llama de su espalda como método de empuje, sirviéndole para moverse a gran velocidad y llegar a golpearlo. También, de vez en cuando usaba algunas habilidades de fuego combinadas con su estilo de lucha sin armas.
Espera, ¿sin armas? Denver da por hecho que la familia Kenshi es una familia de espadachines, entonces, ¿no debería tener alguna espada o algo parecido? ¿Será que en realidad Kyōhei no se lo está tomando en serio y únicamente se está divirtiendo?
Rápidamente movió su látigo una vez más para intentar darle a Kyōhei o al menos, hacer que dejara de moverse tanto. El látigo emitía una cantidad de rayos, capaz de electrocutar a lo que sea que toque, ese era un punto a su favor si quería calmar al chico. Pero, antes de que pudiera usarlo una vez más, recibió una fuerte patada de Kyōhei en la cara que de hecho, lo mandó a volar hasta la pared, creando un tenue hoyo ahí. Entonces, Kyōhei se quedó parado mirándole. Parado, podía verse mejor aquella llama derecha que parecía asemejarse a una pequeña ala de un ave.

—Creí que querías ver si mis llamas eran tan puras como las del mismísimo sol —Kyōhei dijo serenamente—. ¿Acaso ya te rendiste?

Y antes de que esperara siquiera una respuesta, vio rápidamente el látigo que se dirigía a él. Rápidamente intentó esquivarlo, pero esta vez no pudo. El látigo lo rodeó del pie y le dio una descarga que, en realidad, no fue tan alta como para herirlo de tal magnitud pero, la llama de su espalda se atenuó un poco. Denver salió desde el polvo que se había levantado después de haber dado contra la estructura, y observó como Kyōhei intentaba liberarse del látigo que de alguna manera, liberaba y liberaba descargas.

—Ya te quitaron una ala…—Denver sonrió ansiosamente—. Me gustaría saber si podría quedarme con la otra.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Akiza y Kurapika eran guiados por Zu que, aunque no veía nada —él mismo ya lo afirmó—, parecía que realmente lo llegaba a hacer. Se movía con total libertad y siempre que aparecía algún carnero, se deshacía de él con algunos movimientos de Kung Fu, ni siquiera fue capaz de usar su habilidad y de hecho, casi no dejaba hacer nada a los chicos.
De alguna manera, eso resultaba satisfactorio.
Sin embargo, Zu paró abruptamente de caminar y volteó hacia una dirección, captando la atención de los chicos.

—¿Qué sucede ahora, Zu? —preguntó Kurapika, a lo que Zu guardó silencio, intentando descifrar un sonido.

—¿Kaoru-san? —rápidamente él dijo.

Cuando nombró a Kaoru, Akiza y Kurapika voltearon hacia la misma dirección y, afirmativamente, ahí estaba Kaoru junto a Yin y Atisha, deshaciéndose de unos cuantos carneros. Zu no dudó y sin siquiera avisarle a sus ahora compañeros, intervino en la pelea, haciendo que unas cuantas raíces envolvieran a los carneros y los estrujaran de tal manera, que lo mejor fue que desaparecieran. Esto hizo que Kaoru se diera cuenta de la presencia de los chicos, a quienes al comienzo pareció mirar más. Claro, Atisha no se rehúso a decirle lo que había pasado antes de que todo esto ocurriera. En otras palabras, la razón por la que Kurō huyó con los tesoros de Shura.

—¿Zu-dono? ¿Qué hace usted…?

—Parece que Kurogitsune-sama sigue metiéndose en problemas —el joven chino se burló—. ¿No crees tú que es mejor aceptar cualquier aliado? ¿Inclusive si son algunos que han causado, en cierta manera, lo que ahora ocurre?

Kaoru guardó silencio al escuchar eso. Tenía razón, en realidad. Ahora mismo no le importa en quien puede confiar o no, no le importa, solo quiere encontrar a su hermano y saber que no ha hecho nada malo. Quiere saber que está bien y ayudarlo en lo que sea que le ocurra. Eso es lo único que quiere.

—Zu… —Yin fue quien habló ahora—. ¿Quién te ha dicho todo esto?

Zu se quedó ligeramente pensativo, aparentemente decidiéndose si contarlo o no. Al momento, Akiza se percató que un cuervo volaba por lo alto. ¿De nuevo un cuervo? Juraría que de todo el tiempo que vive por aquí no había visto ningún cuervo, ahora, vuelan como si nada.

—Alguien que dice conocerlos —Zu dijo—, descuiden, no es ningún enemigo, pero tampoco un aliado. Digamos que es neutral y simplemente no quiere que este mundo se destruya, sabe que matando a Kurogitsune-sama eso no se arreglará.

—¿No se arreglará? —ahora preguntó Kurapika—. Pero según nos hemos dado cuenta, es Kurō quien…

—No… bueno, sí —Zu pareció confundirse él mismo, se mantuvo pensativo pero finalmente continuó hablando—. Kurō tiene el HES y la caja tiene el HES, independientemente de quien la abra, el HES se liberaría y terminaría por corromper este mundo. Incluso más rápido y profundo de lo que Kurō mismo puede hacerlo.

—Entonces nuestra verdadera preocupación es esa caja… —Akiza pareció pensativa.

¿Y cómo no? Lo que ella proponía más que nada era que acabaran con Kurō, porque éste mismo era quien mantenía el “Mal” dentro. Sin embargo, ahora están diciéndole, afirmándole, que lo que realmente es la amenaza es lo que hay dentro de esa caja. Si tienen que acabar con algo, es con esa caja, ni más ni menos.

—Por cierto… ¿No está Kyōhei con ustedes? —Preguntó ahora Kurapika, a lo que Kaoru apartó la mirada.

—Apareció un chico que quería pelear, por lo que Kyōhei se entretuvo con él —explicó Kaoru—. Zu-dono, ¿usted se dirigía a…?

Zu asintió.

—Creo que pensamos igual, sabemos que Kurogitsune-sama debe de estar en el sector abandonado, ¿Dónde si no? —sonrió—. Debemos darnos prisa entonces. Juntos.

—Sí, cuanto antes —ahora interrumpió Atisha—. Porque, creo que algo por aquí no me gusta.

Yin y Kaoru se mantuvieron pensativos a lo que Atisha dijo. La última vez que dijo algo parecido fue cuando fueron atacados por ese rubio y Kyōhei se quedó atrás. Aunque, la verdad, no dudan que tarde o temprano aparezca alguien más para evitar que lleguen hacia Kurō y los tesoros de Shura.
Kaoru apretó las manos de tan solo pensar, que todos están detrás de su hermano. Akiza lo notó, pero guardó silencio. Notó que la expresión de Kaoru se veía preocupada y temerosa. Posiblemente, de todos aquí, él es quien más se preocupa por Kurō que por la BLACK BOX.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Él soltó un fuerte suspiro, en las afueras de la ciudad. Delante de él, yacía una figura femenina y a su lado, otra figura masculina. Dos pelinegros y un rubio. Eso era lo que había aquí ahora. Sin embargo, compartían ciertas similitudes, rasgos parecidos. Pero, eso no significaba que estaban del mismo bando.
Enfrente, mirando la ciudad estaba Sadaya, observando todo lo que se había provocado. Detrás de ella y rodeándole, estaba Vincent mirándole serenamente. A su lado, estaba otra persona de cabellos negros. Pero no, no era Samir. Él tenía el cabello negro un poco largo pero no llegaba a llegar hasta los hombros, además de tener unos brillantes ojos púrpuras. Él era el otro hermano de Vincent; Rocco Johansen.

—¿Te estás divirtiendo con todo lo que está pasando…Katelyn? —preguntó serenamente Rocco.

—¿Y tú has logrado averiguar algo sobre el HES, Rocco? —ella volteó a ver a sus hermanos con serenidad—. Por cierto Vince, no me gusta cómo te queda el cabello corto. ¿Por qué te lo cortaste?

Pero Vincent, sorprendentemente, no le respondió. Pero Ella, Sadaya, no, Katelyn, soltó una pequeña risita. Acorralada por sus hermanos, nada podía salir bueno de aquí, ¿verdad? No tenía ningún otro aliado, pero sus hermanos sí. Además de esos chicos que ahora mismo están buscando a Kurō, había alguien más que no quiere aparecer, pero lo haría si ve que Ellos están en peligro.

—Aún tienes tiempo de deshacer todo lo que haces, Katelyn —dijo Vincent, con un inusual tono serio, helado e intimidante—. De otra manera, te mataremos.

—¡Ah, ¿son capaces de matar a su hermana mayor?! —ella preguntó ofendida.

—Todos nos hemos dado cuenta que no eres más que un problema —Rocco fue quien dijo ahora—. Intentamos pasar por largo tu enfermedad porque eres nuestra hermana. Pero todo tiene su límite.

Katelyn pareció reír en cierta manera. Lo que comenzó como una pequeña risita que parecía tímida, poco a poco se convirtió en carcajadas. En vez de sorprenderse o ponerse nerviosos, los hermanos le miraron con serenidad, la misma que les rodeaba desde el momento en que llegaron.

—¡Qué curioso! —ella exclamó—. ¿Esto no se parece exactamente por lo mismo que están pasando ellos? Hermanos, que aun cuando uno ha hecho muchas cosas para herir a los demás, ellos le siguen queriendo porque es su hermano. Entonces, cuando llega la hora, se hartan y se deshacen de la basura. ¡No lo detendré! ¡Mátenme si ustedes así lo desean! ¡Pero quiero que Kurō se dé cuenta de esa verdad!

—No —interrumpió Vincent.

—¿Nooo? —cuestionó una burlona Katelyn—. ¡¿No qué?!

—Tú lo hiciste por tu propia malicia, todo, absolutamente todo —decía él con la misma serenidad que antes—. Pero intentabas poner tu enfermedad como excusa. En cuanto a lo que pasa con él, es todo lo contrario. Todo lo que ha hecho ha sido por su enfermedad y teme, profundamente, que haya sido su propia malicia. Sí… creo que es algo que todos los que están en la ciudad, se han dado cuenta de eso. Que aquí, la verdadera víctima es ese chico que tu intentaste poner como el enemigo.

Katelyn sonrió.

—Vaya, parece que realmente tienes una mentalidad fría detrás de esa cara de ángel.

—Rocco… —Vincent llamó a su hermano mayor, quien volteó a verle de vuelta—. ¿Crees echarme una mano?

Rocco cerró los ojos por unos momentos, con lo que parecía ser, una habitual calma. En sí, Él no era alguien que sonriera seguido, al contrario, era casi el fin del mundo cada vez que lo hacía, pero esta vez, incluso cuando estaba lejos de ello, en cierta manera parecía estar feliz. Posiblemente porque estaba de nuevo junto a su hermano, aunque una lástima que haya visto a su hermana de esta forma intentando hacer de las suyas una vez más.
Finalmente abrió los ojos y miró a su hermana al igual que Vincent lo hizo. Ambos se prepararon de la misma forma que Katelyn lo hizo. Sí, mientras los chicos allá en la ciudad se están haciendo cargo de lo que parece ser un auténtico enemigo, ellos tendrán que hacerse cargo de la persona que movió los hilos desde el comienzo.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Este era un lugar apartado, daba por hecho que nadie le encontraría aquí y, realmente no quería. También, era un lugar cerrado, debajo de un puente abandonado de una autopista, pero a la vez este lugar estaba tan cerrado debido la misma estructura que, además, estaba comenzando a derruirse. Y también, todo, estaba totalmente silencioso. Lo único que podía escucharse en este lugar eran las gotas de agua de las tuberías que caían una a usa, en pausas.
Y ahí estaba Kurō, sentado en el suelo abrazando sus rodillas. Frente a él, estaba la tan buscada BLACK BOX y en sus manos, la GOLDEN KEY. Solo era cuestión que así lo quisiera para abrirla y dar fin a este mundo. Pero, no quería hacerlo… no tiene una razón para hacerlo, más que su HES diciéndole que lo haga. Fue cuando Kurō levantó un poco más la mirada y observó a alguien más parado frente a él.
Un hombre de mediana edad, de cabello negro y largo, atado en una coleta. También, tenía un mechón blanco en el flequillo, el cual era demasiado largo y llegaba a cubrir su mirada. Su vestimenta era también llamativa en cierta manera, vestía de una forma antigua y portaba un kiseru en su obi. Y, aunque no podía ver su mirada, Kurō se había dado cuenta que se mantenía con un aura cálida en cierta manera, aparentemente intentando ser comprensivo.

—¿Aún no la has abierto? —habló el hombre—. Me sorprende, estás intentando resistirte mucho. Pero, ¿por qué lo haces? ¿Tienes miedo de lo que puedan pensar de ti? Sabes que eso ya no importaría una vez que la abras. Porque, ya nadie podría juzgarte.

—¿Y qué fin tiene el hacerlo? —preguntó Kurō inexpresivamente mientras volvía a agachar su cabeza.

El hombre, mejor conocido por Kurō simplemente como “Enterrador”, se agachó. Pareció en cierta manera sentarse en el suelo, enfrente de Kurō, pero con la BLACK BOX entre los dos.

—¿Y qué fin tiene que te estés aguantando a hacerlo? —él ladeó la cabeza por unos momentos—. ¿No querías acabar con lo que tanto te ha estado haciendo daño? Oh, espera…

Kurō levantó una vez más la mirada, para ver a Samir detrás del Enterrador, apuntándole con una espada que brillaba en dorado. Samir, ha sido quien lo encontró por fin. Finalmente la búsqueda terminó, ¿verdad? Pero, no parecía verse amigable. Si bien, su mirada era seria, mantenía un aire de intimidación y amenaza, como si le advirtiera que el mínimo movimiento le atacaría.
El enterrador sonrió y se levantó, pero Samir no hizo ni el más mínimo cambio. Eso era, porque, el Enterrador, no existía. A quien Samir apuntaba era a Kurō, no al enterrador, a alguien que ni siquiera él puede ver. Es por eso que el Enterrador caminó un poco y se puso del lado de Samir, observando también a Kurō.

—Él ha venido. ¿Lo atacarás?

「Deshazte de él y abre ya la maldita caja」.

Al escuchar de nuevo esa maldita voz, Kurō llevó sus manos a su cabeza haciendo una mueca de dolor. Sintiendo la latente punzada de su lado izquierdo.

—Todo este tiempo que te he estado observando, llegué a darme cuenta de algo —Samir fue quien habló ahora. El enterrador le miró con una sonrisa mientras que Kurō se calmaba un poco al dolor que tuvo, mirándole—. Nosotros no somos tus enemigos, ¿verdad? Es por eso que no apuntas tu espada hacia nosotros. Es por eso que no apuntas tu espada hacia nadie, sino hacia ti. Es por eso…que apuntas tu espada hacia el enemigo que más te está haciendo daño.

—No lo escuches, Kamui —El enterrador pidió—. Aquí el único enemigo que intentó usarte fueron ellos. Debes de apuntar tu espada hacia ellos.

Y lo único que hizo Kurō fue morderse el labio inferior mientras llevaba sus manos a su cabeza y se agachaba. El enterrador, las voces… Samir. ¿A quién debe hacerle caso? Tiene los dos tesoros de Shura, podría abrirlo y despedirse de todo. Pero, los demás no tienen la culpa de sus problemas.
Cierto… aquí el único que tiene que morir es él. ¿Verdad? Porque, él fue el verdadero enemigo desde un comienzo. Quien complicó todo, quien arruinó el plan de Vincent de mantener todo en paz.
Porque, cuando Kurapika y Akiza le pidieron la BLACK BOX cuándo él la robó, no querían atacarle. Él lo interpretó así, pero ellos no querían hacerlo. También, cuando aquella mujer apareció, ella quería usarlo desde un comienzo, pero usó palabras falsas disfrazadas amablemente.
El que ahora está provocando que quieran matarlo. No por nada Samir le está apuntando con una espada. Porque incluso él sabe que lo mejor sería si él se muriera aquí y ahora. Entonces, ¿por qué tuvo que resultar así?

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Listo :3 eso es todo por hoy. Espero que sea de su agrado y no les parezca raro o aburrido. No tengo mucho que decir ahora, así que sin más, me despido.

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Re: El anochecer del mundo (Capítulo 10)

Mensaje por Akiru el Vie Sep 18, 2015 11:59 pm

Woo esta genial *-* la pelea de kyohei ... y la aparivon de zu y fue graciosos lo de kurapika negando ser pareja de akiza xD y al final lo de kuro me dejaste con trememda intriga k ara ? La abrira ? AH espero la conti super ansiosisima !

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