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El anochecer del mundo (Capítulo 4)

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El anochecer del mundo (Capítulo 4)

Mensaje por Angry Bunny el Sáb Sep 12, 2015 4:55 pm

Capítulo 4:
“Intenciones”


—Entonces, ¿qué es lo que deberíamos de hacer ahora? —fue Akiza quien preguntó.

La situación en sí no había avanzado. Únicamente fueron reunidos y les explicaron lo que ocurría, sin embargo, aún no decía que era lo que pintaban ellos ahí. Aunque, en cierta manera se lo imaginaban; quizás necesitaba ayuda para prevenir que su hermana haga sus destrozos en este lugar.
De esa manera, Vincent volvió a explicar:

—¡Necesito ayuda! —exclamó él—. No puedo gestionar mundos yo solito… y realmente este me gusta y no quiero que se haga caca —Kurō intentó no reír al escuchar esa última palabra—. Por eso me gustaría que ustedes protejan algo muy especial que hay aquí.

—¿Proteger? —preguntó Kurapika—. ¿Nos está diciendo que debemos…?

Vincent esbozó una débil sonrisa que, al contrario que como era usualmente, no era una sonrisa infantil ni tan llena de emoción como siempre. Esta vez, parecía ser un poco más serena y con calma; una sonrisa sincera en cierta manera. Fue entonces cuando prosiguió.

—Hay dos tesoros por aquí —él dijo—. Que es, lo puedo decírselos, ¡sería un spoiler tremendo!

—Odio los spoilers —comentó Kaoru en voz baja.

—Sin embargo, son conocidos como los Tesoros de Shura —explicó una vez más Vincent—. Estoy seguro que mi hermana los quiere para corromperlos también. No… es que hay algo de ellos que ella quiere en especial. Es por eso que comenzó a corromper este mundo, sabiendo que esos dos tesoros saldrían a la luz.

—¿Y qué tienen de especial esos tesoros? —preguntó Akiza.

Vincent guardó silencio… entonces, pasado los momentos, comenzó a explicar nuevamente:

—Hace mucho, mucho tiempo, un profeta predijo la llegada del “Mal” y que podía ser detenida con la presencia de las personas con habilidades. Sin embargo, nadie le hizo caso —comenzó a explicar, algo aparentemente inconexo—. Pero hace años se dieron cuenta que esa profecía estaba acertada y, al no querer meter a personas en eso, se vieron obligados a hacer…algo. Lo que resultó de ese experimento fue conocido como “Los tesoros de Shura”. Sin embargo… había otra intención detrás por culpa de mi hermana.

—En otras palabras —interrumpió Akiza—. Lo que dices es que posiblemente tú hermana se vio interesada en la aparición de los Tesoros de Shura… no, más bien ella misma provocó en cierta manera el hecho de que estén aquí. ¿O me estoy equivocando quizás?

—No, para nada —Vincent sonrió—. Ella misma fue la que propuso la creación de los tesoros de Shura, sin embargo, yo me las arreglé para alejarlos de ella bajo la mentira de que fueron destruidos. En cambio, sin darme cuenta, herí a otras personas… —poco a poco, su tono de voz se fue apagando—. Y… lo más probable es que ella ya se ha dado cuenta que los Tesoros de Shura siguen intactos.

—Demasiados tesoros, demasiado Shura —Kurō interrumpió—. ¿Cómo sabemos que es lo que protegemos? ¿Es algún tesoro físico? ¿Alguna piedra? ¿Un espejo? ¿Qué?

Pero Vincent no respondió, a lo que Kurapika intervino.

—Supongo que no podemos hacer más —comentó él, captando la atención de todos—. No veo porque negarse a ayudar con algo como esto. Ya que, teóricamente todo el mundo como lo conocemos podría correr peligro.

—Solo espero que nos pagues por esto, rubio —Akiza dijo mientras se levantaba de su asiento—. No me gustaría meterme en problemas nada más por que sí.

Y acto seguido se fue.

—Entonces, ¿eso es que ayudará? —preguntó un nervioso Vincent, a lo que Kurapika encogió los hombros.

—Por ahora parece que no tenemos más que hacer —comentó Kyōhei, al instante en que Yin llegó.

—¡¿Podemos ir a algún lugar?! —pidió ella con una considerable alegría—. Me aburro mucho de estar en casa, ¿Podemos ir a algún parque de diversiones?

—No tenemos dinero —rezongó Kurō—. Si no seguro ya estaríamos en otro país viendo las pirámides de cerca.

—Oh, eso —Vincent interrumpió—. Pues ya que se están tomando la molestia, podría darles dinero para que vayan OuO

—¿A otro país para ver las pirámides? —cuestionó Kurō con una notable emoción.

—¡No tanto! —reclamó Vincent, a lo que la emoción de Kurō se apagó de golpe—. Al parque de diversiones, no estaría mal que se diviertan un poco. ¡Además Yin es una niña, merece divertirse!

—¡Exacto!

—Parece que no tenemos otra opción —Kurō se cruzó de brazos tan pronto como dijo eso.

Entonces, Kaoru miró a Kurapika.

—¿Usted viene con nosotros, Kurapika-dono?

—Lo dudo —contestó Kurapika—. Creo que iré con Akiza a donde sea que haya ido. En una situación como esta, donde podríamos ser atacados como ayer, será mejor que no nos separemos tanto.

—En eso tienes razón —afirmó Vincent con su habitual sonrisa despreocupada—. Lo mejor es no separarse tanto, ¡nunca se sabe cuándo los vegetales atacarán!

Todos únicamente se le quedaron viendo sin saber que decir respecto a eso. Claro, ¿vegetales? ¿Acaso son los vegetales los enemigos de esta historia? No quisieron decirle nada y no fue algo necesario en realidad. Vincent se dio cuenta que se le habían quedado viendo y sonrió nerviosamente, posiblemente pidiendo internamente que la tierra le tragara.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Cuando Akiza caminaba por las calles de la ciudad, lo que menos imaginó era encontrarse con su amigo Leo, que estaba por ahí de casualidad. Claramente debería de evitar decirle lo que ocurría, la razón por la que se había ausentado recientemente. Pero, de todas maneras no era como si no necesitara, su compañero no hacía ningún tipo de pregunta, posiblemente pasando de largo la ausencia de la chica.
Pero por su mente no pasaba otra cosa… algo de todo esto le dejó agriamente pensativa. Si ellos fallan en lo que sea que tengan que hacer, posiblemente combatir con el “Mal” que podría estarse aproximando… si ellos fallan, ¿será el fin de todo?
No es que sea alguien muy apegada a la vida, está completamente segura que podría haber tenido una vida mejor. Más sin embargo, es consciente que hay muchas personas que no tienen ni la mínima culpa. En estos momentos, ve a los niños corriendo por ahí, siendo perseguidos por sus mamás para que no se les escapen. Si ellos fallan, ¿esto se perdería? Toda la gente…
Había estado tan inmersa en sus pensamientos que ni siquiera se dio cuenta que había parado de caminar y Leo estaba ocupadísimo intentando sacarla de sus pensamientos.

—¡Oye, A-K-I-Z-A! —finalmente escuchó la voz de Leo y no hizo más que verlo con su usual inexpresividad—. ¡¿Acaso te perdiste en algún mundo extraño?!

—Posiblemente.

—¿Qué clase de respuesta es esa? —se cruzó de brazos al momento en que soltaba un resoplido—. Oye, te noto un poco rara. ¿Estás segura que estás bien?

—¿Por qué lo dices?

—Te noto más pensativa de lo normal —agregó Leo, mirando ahora a la chica—. Si ocurre algo…

—¿Te pondrás sentimental diciéndome que puedo decírtelo? —mencionó, a lo que Leo se quedó sin habla—. Mejor guárdatelo para alguna chica con la que quieras ligar. Conmigo no funcionará.

—¡Nada de eso! —reclamó él—. ¡Solo… sigamos, ¿de acuerdo?!

—A todo esto… ¿A dónde vamos?

Entonces, el silencio inundó el lugar. Notó que Leo no sabía a donde iban, en ningún momento lo supo posiblemente. Así que nerviosamente intentó excusarse:

—Yo solo te seguía a ti.

Akiza solamente se dio una palmada mental al ver que de alguna manera ya tenía a su amigo aquí, sin ningún destino, simplemente se encontraron y comenzaron a andar juntos. Ella estuvo a punto de decir algo, pero en ese mismo instante se quedó callada al ver a una persona entre la multitud.
Sí, Akiza no era el tipo de persona que se quedaba viendo siempre a la multitud, al contrario, intentaba evitarlas. Y es por eso que le sorprendió incluso a ella, sentirse atraída hacia ese lugar donde vio a una persona. Una chica de cabellos rojizos. Claro, reconocería esa coleta roja y esos ojos verdes. Pero ahora mismo, tenía a Leo aquí, así que simplemente le miró.

—Oye, nos veremos después, ¿de acuerdo?

—¿Eeh? ¿Qué te ocurre ahora?

—Te dije que nos veremos después.

Y sin decir nada más, se alejó de Leo con cierta agresividad. El chico únicamente miró, encogió los hombros y siguió vagando por ahí.

+w++w+w+w+w++w+w+w++w+w++w+w++w+w++w+

Cuando los chicos terminaron por marcharse, Vincent se había quedado solo en la cocina de su casa, lugar donde se había llevado a cabo aquella reunión. Lo primero que notó es que afirmativamente estaba solo, porque incluso su gato, Atisha, pareció pensar que era más divertido seguir a los chicos.
Tomó asiento en una de las sillas de la mesita de la cocina mientras suspiraba, con una naranja enfrente de él. Estaba a punto de tener una pelea mortal con ella por el simple hecho de pelarla. Sí, ya se estaba viendo en esa batalla sangrienta.
Pero antes de que comenzara con la batalla del siglo, fue interrumpido al escuchar el sonido de la puerta. Dejó la naranja de lado y miró a su alrededor, únicamente para ver que Samir estaba entrando a la cocina con su habitual inexpresividad y seriedad. Claramente, captó la atención del rubio.

—¡Sami, te has perdido la reunión! —reclamó Vincent, con su habitual tono infantil—. ¿Dónde estabas?

—En ningún lugar que te concierna.

Y entonces, hubo un plácido silencio mientras que Samir iba a por un vaso de agua. No necesitó decirlo en realidad. Vincent lo había entendido. Ya sabía a donde había ido, lo que había hecho y no hizo más que trazar una débil sonrisa.
Aún con tanto tiempo no logra olvidarla.

—¿Ellos estaban aquí? —preguntó Samir mientras tomaba asiento a un lado de Vincent.

—Así es.

—Ellos ni siquiera saben a lo que se están enfrentando —comentó Samir, mirando hacia la nada—. ¿Estará bien?

—Tienen toda la intención de ayudar —contestó un sonriente Vincent—. No les estoy obligando a nada.

Y entonces, hubo un silencio. Samir bajó su mirada hacia el vaso de agua que se había servido hacía pocos segundos. Y entonces, miró a Vincent.

—¿Por qué estás involucrando a un HES en esto? —entonces, hizo una leve pausa—. No, estás involucrando a uno de los hijos de Sayo. Dijiste que no lo harías.

—Él insistió —explicó Vincent—. Y no me negué. A este punto, creo que un HES podría servir de carnada para Sadaya.

—¡¿Enserio quieres usarlo para…?!

—Te dije que él insistió —agregó Vincent en defensa, mostrando su gran sonrisa habitual—. Así que no me veo involucrado en lo que le suceda. Intenté dejarlo fuera de esto.

Y entonces, Samir ya no dijo nada más.
Una persona que padezca el Síndrome del Mal Hereditario —abreviado como HES—, es considerada como portador de ese “Mal” que tanto están evitando. Tanto Samir como Vincent saben que uno de los chicos que están ayudándole ahora mismo padece de dicha enfermedad. En otras palabras, tienen parte del “Mal” que buscan exterminar de su lado.

+w+w++w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

—¿Por qué demonios tienes ese gato contigo…? —preguntó un frustrado Kurō.

—¡Por qué él quería venir! —respondió Yin.

Habían venido al parque de diversiones tal y como habían dicho con anterioridad. Vincent fue tan tierno como para darles dinero a que fueran a divertirse un poco.
Tomando en cuenta que son cuatro hermanos que intentan valerse por sí mismos y Vincent es como su tío, claro que les daría algo para que fueran a algún lugar y pasear. Pero, cuando llegaron al parque, una vez dentro, Kaoru se percató de que Yin llevaba al gato de Vincent, Atisha, dentro de su mochila. Claro que le regañaron por eso, hasta que Kaoru se puso de su lado.

—No está mal que un gato se divierta con nosotros —agregó Kaoru—. Atisha-dono debe divertirse.

—Siempre me preocupa tu razonamiento, Kaoru —dijo Kyōhei—. Pero el hecho de que le hables a un gato con respeto, ya me impacienta…

—¡Sigue siendo una vida! —se defendió el pelinegro.

—Eso no arregla el hecho de que entramos con un gato aquí —replicó Kurō, cruzándose de brazos—. Si lo ven nos echarán la bronca.

—¡No lo verán! —exclamó Yin, totalmente segura de ello—. Atisha es muy inteligente, ¡no se dejará ver!

—Es mejor a que perdamos tiempo aquí —interrumpió Kyōhei—. En vez de discutirlo, deberíamos comenzar a dar una vuelta.

De esta manera, Kurō notó que de alguna manera, incluso Kyōhei se había puesto de su lado. También notó que Atisha, el gato que yacía en la mochila de Yin, le miraba, como si le dijera que le dejara estar, que no hará nada malo.
En lo general, Kurō odia a los gatos y claramente armaría un escándalo por esto. Pero quiere divertirse y ver más de cerca aquellos Algodones de Azúcar que están ahí, así que hizo la vista gorda por esta vez.

—Vamos a por el algodón.
Yin sonrió al ver que finalmente su hermano le dejó estar con el gato aquí.

+w+w+w+w++w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Cuando Akiza se alejó lo suficiente de las calles y las multitudes, se dio cuenta a donde había sido guiada por aquella chica que se percató de su presencia rápidamente. Era claro que de ahí no iba salir algo bueno y aquella pelirroja tuvo la consideración de llevar el confrontamiento a otro lugar más apartado.
A donde había guiado a Akiza, era en un sector abandonado donde nadie, absolutamente nadie concurre. Eso era porque se cree que aquí habitan fantasmas y demonios, además de ser como una guarida para ladrones y vagabundos. Aunque en sí, era inclusive raro ver a éstos.
Era el perfecto lugar para desatar alguna pelea y Akiza era consciente de ello, considerándolo. Así que, cuando la chica paró de caminar y miró a Akiza, esa sensación aumentó.

—Parece que al final nuestros caminos están destinados a encontrarse y a desatar una pelea, ¿eh? —La chica se burló—. Antes me gustaría presentarme: mi nombre es Adeline Wellington. Fiel sirviente de Sadaya.

—Sadaya, eh —Akiza se quedó ligeramente pensativa, suponiendo que esa mujer que mencionó no era más que la hermana de Vincent. Sí, lo daba por hecho.

—Y, tú que estás con Vincent y Sabrae, estás interponiéndote en nuestro camino también a la recolección de los tesoros de Shura —ella dijo mientras entrecerraba los ojos, observando a Akiza con más detenimiento—. Sería bueno deshacerme de una molestia como tú aquí y ahora.

Akiza se preparó, estaba dispuesta a pelear si eso conllevaba deshacerse de esta niña que, en cierta manera, tenía una apariencia de engreída total.
Sin embargo, lo que esperó que sería un ataque por su parte, se sorprendió al ver que en realidad, lo que había hecho, era llamar a esos carneros que resultaban ser más como una molestia. Esos malditos carneros vestidos en traje formal… harían reír a cualquiera, pero Akiza no era ese tipo de persona. Lo que hizo fue trazar una sonrisa agria mientras volteaba a ver a Adeline.

—¿Esto es de tu lado? —cuestionó—. Eso es sucio.

—No esperes que alguien como yo juegue limpio —esbozó una gran sonrisa llena de locura—. ¡Pueden comer, mis queridos!

Y tan pronto como dio la indicación, todos los carneros saltaron hacia Akiza. Ella espero el momento indicado para comenzar a atacar, pero una vez más, antes de que eso llegara a suceder, observó cómo algunos carneros desaparecían al ser enredados con cadenas.
Solo había una persona que controlaba las cadenas de esa forma. Esa persona era…

—No esperé que aparecerías, Kurapika.

Kurapika había llegado justo en el momento preciso para ayudar a Akiza contra todos los carneros y aquella chica pelirroja. Llegó a estar a su lado esta vez, acercándose a ella para ayudarla.

—Estaba totalmente seguro de que no era buena idea separarnos —agregó él—. No estaba equivocado.

—Podía hacerme cargo yo sola.

—No lo digas —interrumpió—. Es mejor que estemos unidos ante estas adversidades.

Akiza simplemente le miró con cierto disgusto. ¿Unidos ante estas adversidades? Sonaba estúpido en cierta manera. Es mejor tener que pelear solo, de esa manera no tenías que estarle cuidando las espaldas a nadie y no tenías que estarte preocupando por tu compañero o compañera. No tenías ninguna debilidad más que ti mismo. Pero ahora, no tenía otra opción en realidad.
Adeline casqueó la lengua.

—Esto será entretenido.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Cuando compraron los algodones de azúcar, Kaoru fue llevado por Yin hasta las atracciones. Kaoru se negaba al comienzo, puesto que les tiene un miedo terrible a aquellas que Yin se quería subir. Pero claro, un “Gallina” hace mover a cualquiera y, al ver que sus hermanos comenzaron a llamarlo así, se hizo el valiente y aceptó el desafío de acompañar a Yin a las atracciones.
Mientras tanto, Kurō comía su algodón de azúcar feliz de la vida mientras que Kyōhei parecía estar texteando en el celular. Esto, mientras estaban sentados en una banca cuidando la mochila de Yin, donde estaba Atisha.
No fue hasta que Kurō levantó su cabeza hacia cierto lugar que captó la atención de su hermano mayor.

—¿Qué es lo que sientes?

—Parece que esos dos se metieron en problemas —claramente Kurō se refería a Akiza y Kurapika—. Pero se las apañarán.

—¿Sólo eso…?

—Creo que sí.

Por alguna razón no le llegaba a creer. Guardó el teléfono celular mientras que miraba el cielo, preguntándose si sería quizás buena idea de dejar a Akiza y Kurapika con sus problemas o sí deberían ir a ayudar.
Entonces, por su mente pasó algo. ¿No deberían ellos estar al pendiente de Kaoru y Yin ahora mismo…?

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Y bien, eso es todo por hoy >w<... lamento si quedó aburrido. La verdad, ya había publicado otro capítulo ayer por la noche, pero me arrepentí porque no me gustó como quedó, así que les traje este el día de hoy más temprano de lo normal :3Uu Y realmente espero que les guste, a ver que tal me está quedando esta rara historia eweUu

Sin más, Kim-chan se despide.

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Akai tsuki no Monogatari >3:

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Re: El anochecer del mundo (Capítulo 4)

Mensaje por Akiru el Sáb Sep 12, 2015 10:09 pm

Esta genial una pelea y ese leo y me pregunto kien es la hermana de vincent y esos carmeros y un tesoro *w* esta genial me encanta tu fic espero conti ansiosa

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