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El anochecer del Mundo (Capítulo 3)

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El anochecer del Mundo (Capítulo 3)

Mensaje por Angry Bunny el Vie Sep 11, 2015 1:22 am

Capítulo 3:
“Reunión”

Lo que hizo y lo que esperaba hacer fue algo totalmente diferente.
Lo que quería era reunir a los chicos, pero, Vincent propuso que únicamente con Akiza y Kurapika estaría bien. Al instante, quedó con ambos para reunirse en la misma cafetería del «Olvido» al día siguiente de la semi reunión que tuvieron con Samir.
Si bien, Samir afirmó que tenían que hablar con su superior; Vincent, quien era al que realmente le concernía ese asunto. Era también quien les explicaría más sobre la situación que ni siquiera el mismísimo Samir está atento a ello —y duda que Vincent lo esté—.
Al ver que llegó la noche, Akiza se despidió y se marchó, más sin embargo Kurapika decidió acompañarla. Sabía que la noche anterior Samir fue atacado por unos carneros feos con trajes de mayordomos —que daban risa, por cierto—, por lo que no sería de extrañar que esta noche sucedería algo similar. Sabe que aquel joven de cabellera negra puede arreglárselas solo y, de hecho, es consciente de que seguro Akiza también. Pero más vale asegurarse, ¿no?
Es por eso que al final Kurapika y Akiza iban caminando entre las calles vacías con dirección a la casa de ésta última. Era un ambiente frío, tenso, no había palabras entre los dos y no era que fueran necesarias en realidad. El mismísimo silencio era la clara señal de que se toleraban mutuamente.
Pudieron haber continuado así durante un buen rato, si no fuera porque algo captó la atención de Akiza antes de que, de igual manera, Kurapika se viera envuelto. Era un cuervo, un gigantesco cuervo de unos llamativos ojos brillantes en un color rojo. En sí, no sería raro ver un cuervo a estas horas de la noche pero, sí que era raro ver un cuervo en plena ciudad. Usualmente llegan a verse en zonas más rurales. Y no fue hasta que Kurapika habló, que aquel silencio se interrumpió:

—¿Ese es… un cuervo? —preguntó, a lo que Akiza asintió débilmente.

—Jamás había visto uno por la zona —afirmó ella, extrañada. En su mente resaltaba que eso no le daba buena espina y, realmente no lo hacía. Algo andaba mal. Un cuervo de ojos rojos…—. Pero, ¿tú también…?

Ella no necesitó decir nada más. La mirada que Kurapika le daba era lo que ella quería ver; sentía lo mismo que ella. Una presencia curiosa. No era maliciosa, pero tampoco buena. Era más bien como neutral y peligrosa, siendo de un alto poder. ¿Qué clase de ser podría ser así? Pensó un poco.
Aquellos que tienen poderes sobrenaturales son capaces de reconocer a otros con la mirada, echándoles un rápido vistazo a la cantidad de poder que tienen, más sin embargo jamás pueden ver las habilidades que poseen. Por otro lado, los humanos suelen despreciar a aquellos que tienen dichas habilidades. ¿Por qué? Los humanos suelen tener miedo a lo que no conocen o quizás… es simple envidia.
Intentaron pasarlo de largo, con tal, es mejor ignorar a meterse en líos de los que no sacas nada al final y a eso, continuaron su camino. No fue hasta que Akiza abrió ligeramente los ojos y se movió rápidamente, al instante que una cuchilla se clavaba en el suelo. Rápidamente, echó un vistazo a su agresor.
Lo que se esperaba fuera algún carnero de los que Kurapika le contó, fue en realidad una chica de cabellos largos. Cabellos largos atados en una coleta de lado de un color rojo y unos grandísimos ojos verdes que brillaban incluso en esta oscuridad. Ella estaba en la cima de un edificio en posición de lanzamiento, dando a entender que ella fue la auténtica atacante.

—Los amigos de Sabrae, ¿eh? —ella pareció burlarse mientras bajaba del edificio en un brinco—. Qué interesante. Tienes buenos reflejos.

Akiza no le respondió, más únicamente le miró fríamente, sin ningún ánimo de responder, en realidad. Por otro lado, Kurapika se estaba preparando para un posible confrontamiento. Era claro, apareció una chica que tiene poderes anormales atacando a Akiza, era claro que era alguien totalmente hostil.
Lo que siguen sin entender, es si al final esta chica era la perteneciente a aquella aura neutral y poderosa que sintieron antes. Ella no parecía ser así y esa idea era rápidamente descartada.
La chica pelirroja dio un paso al frente, trazando una sonrisa casi de oreja a oreja.

—Sí, ustedes tienen ese patético olor a lobo —hizo una ligera pausa—, y por alguna razón, de zorro también. Definitivamente, son ustedes.

La chica se dispuso a atacar de nuevo a los chicos, quienes esquivaron los ataques con total satisfacción. Akiza continuó sin decir nada más, y sus ojos parecieron brillar un poco más de lo normal en su destellante celeste. Estaba totalmente lista para contraatacar a esta chica que se hacía la genial. Pero, al instante en el que pensó en ello, alguien más se le adelantó y no, no fue Kurapika, quien miró con esa misma sorpresa que yacía en Akiza, a la persona que interrumpió el inminente confrontamiento.
Las cuchillas que la pelirroja había lanzado se habían detenido en el aire y apareciendo en medio de los bandos contrarios, apareció él, el chico rubio de destellantes ojos azules; Vincent Johansen. Él sonrió infantilmente mientras miraba a la pelirroja.

—¡Supongo que fuiste enviada por mi hermanita! —exclamó en una sonrisa, como si estuviera hablando con un amigo, de hecho, a lo que todos se desconcertaron—. Dile que me molesta mucho que se metan con mis amigos, ¡yo también necesito socializar, ¿sabes?!

La cuchilla cayó al suelo, algo que desconcertó a la chica. Esas cuchillas eran aprueba de detención al tiempo —antiguas experiencias con Samir—, por lo tanto, no deberían de verse detenidas por ningún tipo de fuerza no-física. ¿Cómo es que este hombre…?

—No era necesario que interrumpieras —agregó Akiza de manera un poco hostil, volteando a ver a Vincent, quien le respondió con la mirada—. Quítate de en medio.

—¡No lo haré! —respondió en una exclamación tan pronto como volteaba a ver a la pelirroja. Su mirada… su mirada fue totalmente diferente a la mirada infantil que él suele emitir hacia Samir o a otros conocidos. Esta vez, era intimidante, como si una personalidad fría estuviera latente en él y eso hizo helar la sangre de la chica—. Dile a mi hermanita que la quiero mucho, ¿de acuerdo?

La chica, que estaba totalmente helada al ver esa mirada por parte del rubio, no hizo más que desaparecer entre las sombras, temiendo por su vida de manera silenciosa. Al ver eso, Vincent volteó a ver a los chicos con una gran sonrisa, olvidando por poco esa faceta fría que mostró hace unos cuantos momentos.
No sabían decir si era un tipo de trastorno mental o… simplemente era un dos caras. Pero de algo se dieron cuenta, era una persona peligrosa.

—¿Quién… eres tú? —fue Kurapika quien se animó a preguntar, haciendo que Vincent se les acercara con total calma e infantilidad.

—¡Vincent Johansen! —él exclamó con una gran sonrisa—, ¡vengan conmigo, parece que nuestra reunión se adelantó!

Entonces cayeron en cuenta que, él era el hombre que Samir mencionó; el superior que les iba a contar todo.

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Prácticamente no tenían ninguna otra opción más que seguir al rubio si querían saber más de lo que había ocurrido. Y era claro, totalmente comprensible. El día de ayer Kurapika se encontró a un chico que fue atacado por unos carneros humanoides. El día de hoy mientras caminaba con Akiza fueron atacados por una pelirroja que nombró a un tal Sabrae.
De esa manera, fueron guiados por Vincent hasta su casa en la ciudad. Notaron que era una persona que no parecía tomarse nada en serio, absolutamente nada. Incluso Akiza amenazó con matarlo si se negaba a hablar, a lo que él respondió con total calma un: “Ya te digo”. Pero al final, no dijo nada.
Y cuando llegaron a casa de Vincent, este les invitó rápidamente. Rápidamente olieron un tenue olor que les habría el apetito de cierta manera; el olor a café recién echo. Vincent se extrañó un poco, pero se veía sonriente. Asimiló rápidamente que quizás se trataba de Samir, así que no dudó en guiar a sus dos invitados hasta la cocina. Fue ahí donde se dio cuenta de que no era Samir quien había preparado el café.

—¡¿Cómo entraste a mí casa?! —preguntó un exaltado Vincent.

—Un “como entraste a mi casa” no es la mejor forma de agradecer este café que he hecho —agregó el chico de cabellos negros y ojos rojos—. Agradece.

No era nadie más que Kurō Kenshi, uno de los gemelos que trabajan en la cafetería. Fue rápidamente reconocido por los chicos invitados.

—¿Tú no eres el camarero de la cafetería del Olvido? —preguntó Kurapika un poco sorprendido. Kurō chasqueó la lengua y negó.

—No, ese es mi hermano —afirmó él—, yo trabajo en la cocina con el café. Lo único que hago bien… si es que lo hago bien. ¿Lo hago bien?

Le preguntó a Vincent, quien ya se había sentado a beber café. Claro, el momento de “¡¿Cómo entraste a mí casa?!” se le pasó rápidamente. Tomó un sorbo y asintió:

—Sí, sabe bien.

—Oh, bien.

¿Qué clase de conversación era esa? ¿Podía hablar así de sencillo y calma con alguien que se infiltró en su casa?

—¿Y… al final que haces aquí? —fue sorprendentemente Akiza quien preguntó—. Si trabajas en la cafetería…

—Eso mismo —contestó Kurō—. He sentido que ustedes van seguido, sus presencias y… hace poco el de un lobo, ¡hoy, de hecho! —exclamó eso último—. Y Vincent había ido a casa, pero se fue antes de que llegara y lo viera.

—Oh… te dijeron al final —Vincent pareció ligeramente pensativo.

—¿Por qué me quieres sacar de esto? —cuestionó Kurō—. Puedo ser de ayuda al igual que estos dos, además de que Kyōhei aceptó tu propuesta. Entonces, ¿por qué Kaoru y yo no?

Akiza fue quien se dio cuenta que, parecía que Kurō se estaba mostrando ligeramente celoso o quizás apartado. No dudó mucho y se acercó a la barra donde el café estaba preparado. Se sentó y tomó una taza.

—Parece tener una buena habilidad dentro de sí —afirmó Akiza mientras se servía un poco de café—. Y a lo que ha relatado ese chico pelinegro, ¿no sería buena idea aprovechar todo tipo de ayuda?

Más sin embargo, Vincent no dijo nada y continuó bebiendo café. Ignoró lo que le dijo la chica y, que Kurapika también se había sentado a beber café. De alguna manera, ese se había convertido en una forma de ponerse de acuerdo con Kurō, de que su ayuda podría venir bien.

—¿Es acaso porque soy hijo de…?

—Eso no tiene nada que ver —Vincent interrumpió lo que Kurō estuvo a punto de decir—. ¡Ah, que lío! Pero de alguna manera tienen razón. Debería de aceptar todo tipo de ayuda pero, hay demasiados enemigos que tienen muy malas intenciones. El mínimo error podía ser desastroso. Y no espero que lo comprendan, antes quiero saber… ¿qué ventana rompiste para entrar a mi casa?

—Ninguna. Solamente forcé la puerta de atrás. Debes aumentar tu seguridad.

Y de esta manera, la conversación dejó de tener sentido tanto para Akiza como para Kurapika.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

El día llegó rápidamente y con eso, la apertura de las explicaciones que había propuesto Vincent. Este día también era el día libre de los gemelos, quienes, después de que Kurō tuviera una ayuda indirecta de Akiza y Kurapika para convencerlo, se habían visto involucrado en ello.
De esa manera, Vincent, Akiza, Kurapika, Kyōhei, Kurō y Kaoru estaban aquí. Y claro, Yin que estaba corriendo por toda la casa jugando con un gato blanco que pertenecía a Vincent. Un gato que parecía ser mañoso en cierta manera…
Lo primero que Kurapika notó fue la ausencia de Samir, cosa que intentó pasar de largo al ver que Vincent tenía más cosas que explicar. Así que, mientras ofrecía galletas o chocolates a sus invitados, Vincent intentó hacer una faceta seria.

—Seguro se preguntarán… porque los he reunido aquí.

—Esa faceta seria no va contigo —Kurō le arruinó el momento—. Pero las galletas son buenas.

Vincent tuvo una ligera nubecita emo al ver que su momento de seriedad se había disipado en nada. Bueno, no era que fuera bueno en ello de todas maneras. Kurō tenía razón, la faceta seria no va con él.
Lo que hizo disipar esa nubecita emo fue Kaoru, quien ligeramente sonriente, con cierto nerviosismo, fue quien fue directo al grano.

—¿Qué era de lo que nos quería hablar, Tío? —preguntó él, captando la atención de todos los presentes.

—Y me gustaría saber quién era esa chica que nos atacó ayer —agregó serenamente Akiza, que comía uno de los chocolates.

—Bueno, antes debo decir que ustedes de alguna forma se vieron implicados al tener contacto con nuestro problema —explicó Vincent—. Por lo que ahora están en la mira de esas personas por tener el olor de Samir y de… —por alguna razón su mirada se fue hacia los gemelos— zorro.

—Ve directo a lo que nos concierne —interrumpió Kurō entre gruñidos.

Vincent soltó un fuerte suspiro mientras una leve sonrisa se hacía formar en sus labios. Unió sus manos y la sonrisa aumentó, preparándose para explicar:

—En este universo existen muchos, muchos mundos. Yo vengo del nexo; MetaWorld. El lugar donde se gestiona todos esos mundos y, este es uno de ellos. Los mundos que denominamos como “Kakeras” siempre son balanceados; existe la maldad y bondad por igual. Todo parece funcionar correctamente en un perfecto balance.

—¿Y eso que tiene que ver con lo que ocurre aquí? —preguntó Akiza.

—Que, a veces, la “maldad” llega a aparecer.

—Pero, has dicho que… —Kyōhei interrumpió a Vincent—. ¿Te refieres a otro estilo de “maldad” a lo que estamos acostumbrados?

—¡Exacto! —exclamó en una sonrisa Vincent—. Ese “Mal” es algo que aún no logro comprender, si les soy sincero. Había alguien que se encargaba de estudiarlo, terminó dándose cuenta que era algo inusual pero… al final incluso él se vio corrupto por el “Mal” y no nos dijo nada.

—Vaya tela —Kurō se burló cruzándose de brazos—. Pero ve a lo demás. ¿Qué sucede con eso?

—Bueno, los Kakera llegan a corromperse por ese “Mal”, tanto, que terminan destruyéndose. Muchos mundos ya han caído por culpa de ese “Mal”, obligando a desertarlos y crear otros nuevos. Se ha convertido en algo parecido a un ciclo de vida y muerte.

—Entonces —Kaoru interrumpió—, si usted está aquí, quiere decir que este mundo…

—¡Eso mismo! —exclamó Vincent—. Resultó que este mundo está comenzando a tener el “Mal”, pero… es una manera un poco inusual. Además de que, la chica que les atacó ayer, confirmó mi teoría de que alguien está provocando ese “Mal”, algo que no creía posible.

—Demasiada palabra “Mal” me hace dar vueltas —se quejó Akiza—. En otras palabras, la chica de ayer tiene que ver con lo que ocurre.

Vincent asintió.

—Entonces supongo que este mundo desaparecerá —Kurō dijo mientras ponía las manos en sus caderas—. Ni hablar. Bakachii, juguemos pokémon por última vez.

—¡Deja de decirme Bakachii! —pidió—. ¡¿Y porque te das por vencido tan rápido?! No, ¡¿Por qué lo último que harías sería jugar pokémon?!

—¡Porqué me gustaría ver por última vez a mi Blaziken y Lucario antes que a tu horrenda cara! —reclamó Kurō.

—¡Somos gemelos, idiota! —contraatacó Kaoru.

—Cállense y dejen escuchar —Kyōhei regañó a sus hermanos, a lo que Vincent tomó como oportunidad para continuar.

—El punto, es que seguro podríamos evitar una manera de que se expanda el “Mal” —explicó el rubio—, pero… antes deberíamos expulsar a esas personas que están interfiriendo.

—¿Y cómo sabremos quienes son esas personas? —preguntó Kurapika.

Vincent sonrió ligeramente. En cierta manera, parecía verse como una sonrisa amarga, con cierta molestia y quizás, deseo de matar a aquella persona que estaba a punto de mencionar:

—Es sencillo; es mi hermana.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++



Listo, eso es todo por hoy. Lamento si les parece aburrido D: intenté esmerarme, ¡espero que sea de su agrado!
Sin más, Kim-chan se despide.

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Akai tsuki no Monogatari >3:

Kūhaku Heikai:

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Re: El anochecer del Mundo (Capítulo 3)

Mensaje por Akiru el Vie Sep 11, 2015 9:52 pm

La hermana de vincent? sugoi encerio? eso es ... wow jamas lo pense ! y donde esta samir?, kaoru tiene razon son gemelos kiere decir k kuro no soporta su propia cara? jaja me dio mucha risa tu fic, y tambien me lleno de curiosidad y woo me dejo completamente intrigada esta genial tu fic espero ansiosa la conti!

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