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El anochecer del mundo (Capítulo 2)

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El anochecer del mundo (Capítulo 2)

Mensaje por Angry Bunny el Jue Sep 10, 2015 1:50 am

Capítulo 2:
“Cuando el mal se avecina”

(Suena gracioso, Avecina, suena como si el mal fuera tu vecina… ok, me callo).

La noche ya había llegado como estaba acostumbrada cada día después de que el cielo se tornara de un color naranja. Era raro que alguien estuviera en la calle a estas horas de la noche que, en sí, era peligrosa. ¿Qué más? En realidad esta ciudad era peligrosa en todos los sentidos.
La cafetería del «Olvido» estaba cerrando sus puertas. Como era de costumbre, los gemelos se quedaron hasta tarde para cerrar ellos. Que, en realidad, era Kaoru quien cerraba mientras que Kurō jugaba a la viborita desde su teléfono celular. Al ver esto, el menor de los gemelos soltó un fuerte y audible suspiro de frustración.

—Al menos podrías ayudar.

—Te estoy ayudando —levantó un poco la mirada para ver a Kaoru—, te estoy dando ánimos silenciosamente.

Kaoru resopló una vez más y continuó con lo suyo, sabiendo que su hermano no le iba a ayudar. Mientras tanto, Kurō mantenía un aura mortal a su alrededor al no poder ganar en ese estúpido juego que estaba acabando con su poca paciencia.
En cierto momento, perdió el juego una vez más al tocarse a sí mismo pero, no le importó. De lo contrario, su mirada se alzó a una dirección, llamando la atención de su hermano Kaoru, quien ya había terminado de cerrar y se dirigía a Kurō para marcharse ya.

—¿Qué sucede?

Kurō guardo silencio unos momentos. Cerró su celular mientras que lo guardaba en uno de sus bolsillos y de igual manera, metía sus manos en estos mientras comenzaba a caminar con una total despreocupación.

—Solamente pienso que la noche es muy linda hoy —contestó él con cierto tono de burla. Kaoru le miró con un poco de desconcierto, pero finalmente le siguió.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

No era un lugar muy lejano donde se desataba una pelea ahora mismo. Cercano, peligrosamente cerca que posiblemente el mayor de los gemelos se había dado cuenta de ello. Más sin embargo, era una pelea silenciosa que no atraía demasiado esa atención.
Eran dos personas que estaban peleando contra lo que parecían ser carneros mutados humanoides, llenos de esteroides también. Eran raros y el hecho de que vestían más formal que cualquier persona en este mundo, le hacían ver inclusive graciosos. Pero ese no era el punto ahora.
Un joven rubio peleaba mano a mano con un chico pelinegro; no se trataba de Vincent, más sin embargo sí que se trataba de Samir, que tenía algunos cuchillos en las ranuras de sus dedos que se preparaba para lanzar contra los animales antropomorfos.
Mientras tanto, aquel chico de cabellos claros usaba una cadena que se lograba mover a su total voluntad, usándola tanto de manera ofensiva como defensiva. Una buena habilidad que no se veía con regularidad.
Los jóvenes se pusieron de espaldas durante unos momentos, al instante que intercambiaron unas palabras.

—Qué suerte que estabas por aquí cerca —se burló Samir—, tú ayuda me ha venido de maravilla.

—¿Cuándo me dirás lo que son? —preguntó—, no parecen que vayan a cesar pronto.

Era verdad, sus palabras estaban llenas de razón. Y, es que siempre que lograban deshacerse de algunos, más aparecían. Era casi como aquella Hidra de Lerna de la mitología Griega, siempre que le cortas una cabeza salen dos más. En este caso, salían más carneros de carnaval.
Por unos momentos, los carneros pararon de caminar hacia ellos abruptamente, el panorama se había vuelto en una escala de grises. No era que aquellos carneros hubieran parado, sino que fueron detenidos… en realidad, el tiempo fue detenido. No avanzaba, nadie se movía con excepción de los dos chicos.

—¿Qué has…?

—Intenta cubrirte, ¿de acuerdo?

Al instante en que Samir le pidió eso al chico de cabellos rubios, comenzó a lanzar algunos cuchillos al azar que se detenían en pleno aire, quedándose totalmente tiesos ahí. El chico de cabellos rubios le veía con cierta sorpresa, interesado y lleno de curiosidad sobre lo que estaba haciendo.
Poco a poco se hicieron decenas de cuchillos hasta finalmente llegar a centenas. Entonces, el panorama a escalas de grises desapareció repentinamente y todo volvía a andar a la normalidad, tanto, que los cuchillos tomaron el rumbo que se les asignó, al instante que el rubio remataba a los que los cuchillos no lograban dar. De esa manera, lograron acabar con todos de manera tan sencilla como esa.
Finalmente, al ver que no aparecieron más, Samir miró al rubio con su usual inexpresividad.

—Te llamabas Kurapika, ¿no? —preguntó, a lo que el joven asintió—. Presentarse después de una pelea no es de buena educación, pero es lo que hay. Mi nombre es Samir Clockworker. ¿Te apetece venir conmigo?

Kurapika sonrió ligeramente, dudoso y temeroso ante lo que realmente ocurría. No solo había logrado ver con claridad las habilidades de ese pelinegro de ojos celestes, si no que ha notado que, podría ser que oculta más habilidades que esas.
Sabe que lo normal es no meterse con alguien así, intentar evitarlo. Eso hacen las personas como él, aquellos que tienen habilidades se evitan entre sí e incluso a veces llegan a evitar a los humanos al ser rechazados por éstos. Así que por su mente, no cruzaba otra pregunta que la de «¿Qué querrá de mí?». No tenía de otra y terminó aceptando.

—No veo porque no —dijo Kurapika—. Realmente quiero saber que eran esas cosas.

Samir le miró por unos momentos. Su mirada se posó en el cielo y después, de vuelta hacia el joven, como si hubiera sido el movimiento de ojos como de una ruleta lenta.

—Tienes una amiga llamada Akiza Takamura, ¿no es así? —preguntó Samir, a lo que Kurapika asintió débilmente, haciendo ver una ligera reacción de su parte—. ¿Crees que podrías hacerle saber sobre esto? Me encargaré de explicarles lo que sucede.

Kurapika guardó silencio al intentar asimilar esas palabras. Ahora no solo lo quería a él, sino que también a Akiza. ¿Es que acaso también querrá reclutar a Don Poncho de la tiendita de la esquina para sus fines malévolos? Bueno, no es que sean malévolos en realidad —posiblemente si lo son—, pero hay algo que no le da buena espina de este chico. Sin embargo, siente también que no debería de retractarse o podría quizás, terminar varado en una duda eterna si algo llega a ocurrir. No sabe porque, simplemente tiene esa sensación.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Aún era de noche y afuera hacía mucho frío ahora. Era claro, se aproximaba el invierno o… quizás era su culpa. Vincent ya no lo sabía en realidad, simplemente disfrutaba de la taza de chocolate caliente que se le había dado en un acto de hospitalidad. Su cara reflejaba claramente ese sentimiento calientito que le provocaba cada sorbo de chocolate.
A su lado, yacía una niña pelinegra que, el hecho de que su piel era muy clara, hacía muy visible unas cicatrices de quemaduras que ella se esmeraba en ocultar. Ella hacía las mismas expresiones que Vincent mientras bebía de igual manera chocolate caliente, era como un efecto espejo.

—Entonces, Tío… —era otro joven quien habló, otro pelinegro de ojos del mismo color—, ¿podrías decirme que ocurre?

—Jeje… el chocolate sabe bien —mencionó de manera inconexa, ignorando al pelinegro.

Claramente el pelinegro se vio ofendido al ser ignorado de esa manera por una persona como él. Y el hecho de que a su alrededor se hiciera notar una débil y casi invisible aura de fuego, hizo que Vincent rápidamente lo tomara en cuenta de manera nerviosa.

—¡Kyōhei, no hace falta ponerse así! —exclamó, dejando la taza de chocolate por encima de la mesa y acto seguido, moviendo sus manos frenéticamente—. ¿Podemos esperar a que vengan tus hermanos? No me siento muy seguro contigo.

—Parece que esa sinceridad tuya sigue presente —Kyōhei soltó un suspiro al decir eso mientras se apartaba un poco para marcharse del comedor—. No me haré cargo de lo que te haga Yin —sentenció tan pronto como se marchó. Vincent se quedó desconcertado.

—¡Tío Vincent, ¿podemos tomar más chocolate?! —preguntó la niña entusiasmada.

Entonces Vincent se dio cuenta que Kyōhei se había referido a Yin. Él le sonrió tan pronto como asintió.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

El día siguiente llegó y con ello, la apertura a nuevas explicaciones.
Kurapika citó a su compañera Akiza a la cafetería del «Olvido», donde les acompañaba Samir. Claro que, al comienzo solamente le dijo que le invitaba a unos chocolates, a lo que Akiza asintió casi de manera repentina, aparentemente únicamente pensando en que tipo de chocolate podría ser.
Ahora que estaban reunidos en la cafetería, Kurapika intentaba pensar en una forma de asimilar todo lo que Samir les contaba. Tanto a Akiza como a él mismo, le había contado tantas cosas que no logró comprender de golpe, sin embargo, conforme las iba revisando poco a poco, fue comprendiéndolas. Y no era algo que se le culpara, en realidad era un tema muy complejo que incluso el mismo Samir no lograba comprender del todo.
Lo que les había contado, era sobre la “corrupción” del mundo a manos de algo que denomina “Mal”.

—No logro comprenderte —avisó Akiza, intentando no hacer contacto visual con ninguno de los chicos—. El “Mal”, los “anormales”… —finalmente soltó un suspiro mientras dirigía su mirada a Kurapika—. ¿Para eso me citaste aquí? No sabías nada y aun así…

—Parecía interesante —se defendió él, a lo que Akiza resopló silenciosamente.

—Sí, lo sé —interrumpió Samir—. No es algo normal y es digno de una trama de un anime. Que te reúnan con un desconocido y te den una tarea para hacer y salvar el mundo o el universo. No nos quejemos, a la escritora no se le ocurre otra cosa.

Tanto Akiza como Kurapika ignoraron eso último que dijo y continuaron con su cuestionario.

—Pero tienes muchas cosas que contarnos —agregó Kurapika—. Como esos carneros de anoche.

—Oh, eso —Samir se rascó la nuca con su usual inexpresividad—. Parece que alguien está buscando ese “Mal”. ¿Lo qué es? No lo pregunten porque ni yo lo sé. Solamente, sé que esas cosas son como sus sirvientes. Lo que me interesa… es otra cosa.

Cuando Samir dijo eso, Kurapika llegó a notar algo que Akiza ignoró por completo. Parecía estar molesto, guardando un resentimiento que llegó a resaltar en un inexpresividad estática. Intentó pasarlo de largo y tomar un sorbo del té que pidió junto a los chocolates que le había prometido a Akiza.
En esos momentos, Samir abrió los ojos con cierta sorpresa al sentir una presencia a su lado. A su lado… pasaba una persona de cabellos largos atados en una vaga coleta, por unos momentos, esa presencia le pareció al de una persona querida que se había ido hace mucho tiempo. Llegó incluso a confundirla viendo en aquella persona que caminaba, a la persona que perdió hace mucho tiempo. Sin embargo, su vista se aclaró y no pudo ver más que a un camarero masculino de ojos carmesíes. Claramente, al verse atónito, sorprendido y en cierta medida decepcionado, llamó la atención de sus dos acompañantes.

—¿Nos seguirás contando que es lo que ocurre? —interrumpió Akiza aquel momento que, en cierta manera, le tomó con cierta molestia. Samir aclaró su garganta mientras intentaba pasar de largo aquel vago recuerdo que le vino a la mente, mientras dirigía su mirada a la chica castaña, respondiéndole.

—Sí, les contaré todo… pero antes necesitaría que conocieran al que verdaderamente le concierte todo esto.

—¿Al que…? —repitió vagamente Akiza—. Estás diciendo que tú no…

—Yo solo soy un ayudante.

+++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Y esto es todo por hoy :3 intentaré hacer capítulos diariamente, pero si no puedo, veré si al menos podría hacerlos un día sí y un día no. Claro, siempre y cuando no me salgan aburridos que, espero que este no les parezca así. Sé que algunas cosas están un poco fuera de lugar pero... moou, pierdo practica en la escritura -3-Uu
Espero que les agrade este capítulo y, sin más, Kim-chan se despide.

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Re: El anochecer del mundo (Capítulo 2)

Mensaje por Akiru el Jue Sep 10, 2015 10:02 am

esta genial *w* esos carneros, ese samir que no sabe ni que xD vincent y hasta kyohei aparece que genial!! espero conti ansiosa para saber mas !! aah me tienes invadida por la curiosidad

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