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Historias de la media noche (Capítulo 1)

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Historias de la media noche (Capítulo 1)

Mensaje por Angry Bunny el Vie Ago 07, 2015 1:24 am

Capítulo 1:
"Introducción"

El silencio reinaba en esta noche de luna roja, anormal y fría. El aura que emitía parecía ser uno a los reflejos de la luna que brillaba en un anormal carmesí, parecía que todo era un escenario sombrío y posiblemente sangriento, pero, no era nada de eso.
Un hombre de una mediana edad estaba frente a un altar viejo en las afueras de un templo. Si lo veía o no, realmente era algo que no podría deducirse, puesto que usaba unos lentes negros y en una de sus manos un bastón. Era un hombre ciego y usaba el bastón para orientarse y los lentes para no dejar al descubierto sus alocados ojos que no saben dónde están.
Contra todo pronóstico, ese hombre estaba frente al antiguo altar, solo, en medio de una sombría noche bañada en los rayos carmesíes de la luna. Aunque todo parecía indicar que estaba totalmente solo, él, simplemente con una voz tan calmada y totalmente experimentada, habló:

—¿Me estás escuchando?

Justo arriba del altar apareció una persona. O quizás, él ya estaba ahí desde antes pero, la sombría oscuridad no le había permitido dar a ver su figura. Esa persona era joven, un joven precisamente. De cabellos negros y largos, atados en una coleta. Vestimentas considerablemente viejas, un kimono negro con un hakama blanco, como si vistiera como un samurái de la antigua época japonesa. Y sin embargo, eso no era lo más característico de él.
Sus ojos reluciendo y brillando como la mismísima luna carmesí era lo que más resaltaba. Eran como dos pequeñas luces rojizas brillando en medio de toda la oscuridad.

—Te escucho, viejo.

—¿Prometes que serás amable con ellos?

—¿Por qué tengo que prometerlo? Tú mismo lo dijiste, estamos bien nosotros tres.

—Vamos, no te comportes así —el hombre sonrió mientras bajaba un poco la cabeza—. Ven conmigo, ellos están cenando allá. Tú deberías hacerlo también.

Entonces, fue cuando el chico arriba del altar se dio cuenta de lo que realmente había ocurrido, mostrándose confundido y sorprendido a la vez. De un salto bajó del altar y miró al hombre, mostrando toda señal de confusión, sabiendo que el hombre no podía verlo.

—¿Tú…has venido hasta aquí solo porque yo salí?

—Claro. ¿Por qué más vendría?

Creía que ya había tenido suficiente. Aun cuando no ve nada y sin ningún tipo de ayuda, sin saber exactamente donde estaba, el hombre se las arregló con la esperanza de encontrar al joven en su propio altar. Claro, ¿dónde más si no?
Únicamente por él.
Soltó un pequeño suspiro de derrota que fue escuchado por el hombre, quien no pudo evitar trazar una débil sonrisa en sus labios.

—Volvamos adentro, Kurō.

El hombre comenzó a caminar, guiándose por su bastón, moviéndolo para evitar tropezar o chocar con algo. Sin embargo, no le serviría de mucho, puesto que Kurō lo tomó del brazo y comenzó a caminar, guiándolo él mismo, sin decir nada más.

+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|+|

Dentro del templo, había una gran mesa donde algunas personas cenaban nada más que Udon acompañado de un poco de té o, con el atrevimiento de una persona específica, Coca-Cola (Prefería la Pepsi, pero no había).
Cuando notaron que los dos que faltaban finalmente regresaron, saludaron y siguieron a lo suyo.
Muchas personas…bueno, quizás no tantas. Pero tomando en cuenta que inicialmente solo dos personas vivían aquí…es un número mucho mayor.
Hagamos una regresión en el tiempo, cuando este templo aún estaba solo.
Dos deidades zorro vivían aquí en tranquilidad, viendo como los creyentes venían a dar ofrendas y pedir cosas, las cuales a veces, si les apetecía, cumplían. Casi siempre, cosas buenas…
Esos dos zorros, conocidos como los gemelos de ojos rojos, tienen nombres de deidades tan fáciles como Kurogitsune y Byagitsune, pero han optado por ser llamados como Kurō y Kaoru Kenshi por sus compañeros. Deidades cuyos papeles no están bien definidos entre los habitantes del lugar.
Después de ello, llegó este hombre misterioso. Naoya Murayama, un hombre de edad media que parece estar en sus últimos días de vida gracias a una terrible enfermedad que está deteriorando su cuerpo. Tiene la incapacidad de ver desde que nació y, fue gracias a su gran amabilidad y aparentemente su estado, que los gemelos Kurogitsune y Byagitsune decidieron alojarlo en su templo y cuidar de él, algo que, aunque no es algo obligatorio, lo hacen porque les nace hacerlo.
Pero con la aparición de Jiro, llegaron más personas o más bien, más espíritus.
Primero llegó una joven aventurera, de nombre Akiru. Ella no es tanto como un espíritu, sino un Kami, como los gemelos, en otras palabras, un dios. Trae la muerte consigo, se lleva el alma de los demás, pero eso no quiere decir que sea mala. Simplemente hace su trabajo de la manera menos dolorosa posible y procurar llevar las almas de la mejor manera, dándoles un último buen trato a las personas que se van del mundo.
Con su llegada, apareció Regulus, un despistado nekomata que protege la naturaleza y sus bosques. Debido que el templo está rodeado por un bosque, posiblemente este lugar le cayó bien. Pero no fue exactamente eso la razón por la que vino a este lugar. Él sabía que Akiru estaba aquí y, como es una vieja amiga, la buscó para encontrarse una vez más con ella. ¡¡Todo romántico el asunto!!
Después apareció Maya Hiroyuki, una Yuki-onna, realmente no tenía nada mejor que hacer y terminó perdida en el templo. Kurogitsune intentó espantarla para evadir el frío polar que ella atrae, pero claro que Naoya se lo prohibió y le dio la bienvenida a la perdida muchacha.
Y, finalmente, apareció el posiblemente ser más molesto de todo el mundo. Un aparente niño Tanuki (Mapache), que llegó, según él, exclusivamente para molestar. Vamos que ni siquiera disimuló ni un poco. Esa molestia tiene de nombre Reiji.
Y así fue, como su hogar se llenó de personas realmente indeseadas.
Sin tener ya ningún ánimo de continuar discutiendo y finalmente dispuesto a convivir con sus nuevos compañeros, Kurō ayudó a Naoya a sentarse, para después hacerlo él a su lado.

—Parece que arreglaron las cosas —Kaoru sonrió mientras dejaba su plato sobre la mesa. Su hermano Kurō le gruñó en respuesta.

—¡Parece que está enojado! —exclamó Reiji.

—Tú cállate, mapache.

—Vamos, no comiencen a pelear —Akiru intentó alzar un poco la voz, pero fue inútil—. Molestarán a los demás.

—Chicos —interrumpió Maya, de manera tan oportuna, captando la atención de casi todos en la mesa—. He estado pensando algo. ¿Han considerado en salir un poco al pueblo?

—¿Al…qué? —Kurō pareció un poco confundido.

—Al pueblo. Tener un hogar implica tener que limpiarlo y procurar que nunca falte nada. He visto a veces a las personas que vienen y van, los he seguido y he visto el pueblo.

—¿Has seguido a las personas? —Kurō se burló— Qué miedo.

—Ciertamente tiene razón —Akiru prosiguió, dándole la razón a la chica—. ¡Cómo mínimo, tenemos que ayudar a Naoya-san con eso!

—Si es por mí no se preocupen —sonrió el hombre—. Puedo valerme aún por mí mismo.

—¡Pero qué dice! —exclamó Regulus— ¡Es lo mínimo que podemos hacer por usted! Nosotros no podemos morir ya pero, ¡usted aún tiene una vida por delante! Bueeeno, quizás no tanto así pero… ¡Usted me entiende!

—Por favor, no metas más la pata, Regulus —Reiji reclamó.

—Nadie te está llamando, eres un niño, no opines —regañó Kurō.

—¡¡Akiru, tu zorrito me está diciendo cosas!! —se defendió Reiji.

—Kurō, no le digas nada, es solo un niño —Akiru regañó serenamente mientras tomaba un sorbo de té.

—¡¿Ah?! ¡¡Pero…!!

—No levantes la voz —reclamó otra vez la Shinigami.

—Jódete, mapache —Kurō murmuró, con considerable molestia a ver como el pequeño crío se reía por lo bajo.

Cinco minutos, solo cinco minutos y ya todos lo sacan de quicio. Es por eso que considera que todo estaba mejor cuando solo eran él, Kaoru y Naoya. No tenía que lidiar con una sobreprotectora chica que los ha “adoptado” como hijos aunque son mucho mayores que ella, un crío que le molesta, un gato despistado —odia a los gatos— y una chica que atrae el frío.
Ahora, sacan el tema de ir a la ciudad. Aunque… pensándolo bien no sería una mala idea.
En la mente de Naoya cruza un pensamiento extraño, realmente curioso. El cómo terminó en esta situación. Ciertamente está al lado de espíritus que tienen cientos de años, pero siente como si ellos en realidad fueran un montón de jóvenes sin parientes. Como si fueran sus nietos o quizás, incluso sus hijos. Ha llegado a verlos como tal en tan poco tempo.
En su mente pasa… ¿esto es lo que se siente tener una familia?
Un poco dispar y peleonera, pero familia a fin de cuentas.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

Listo. Disculpen si está aburrido, pero realmente no sabía como comenzarlo y x.x es solo como una introducción, por eso se ve tan...así. ¡Pero prometo que el segundo ya vendrá más cargado de lo que es realmente la historia! Cada capítulo será diferente, algunos personajes tendrán más protagonismo en ciertos capítulos, etc. La duración -w-U realmente no lo sé... ¡Pero intentaré esforzarme al máximo! owó
Espero que les guste y no les aburra.
Sin más, Kim-chan se despide.

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Re: Historias de la media noche (Capítulo 1)

Mensaje por Akiru el Vie Ago 07, 2015 3:46 pm

Para nada esta aburridi mas bn esta geniak me gudto mucho me dii risa todo hasta lo del mapache y kuro xD pobre kuro siempre keda como malo ! Esta genial espero conti andiosa n.n

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