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Shiroku no Some (Capítulo 11)

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Shiroku no Some (Capítulo 11)

Mensaje por Angry Bunny el Miér Jul 22, 2015 1:55 am

Cuando el Rey se alejó lo suficiente de ahí, no pudo evitar emitir una pequeña risa que, poco a poco fue convirtiéndose en algo más continuo y agudo, era una risa. Una auténtica risa de burla hacia los chicos que ahora creía perdidos.
Y así, mientras reía, rápidamente sacó algo de su bolsillo mientras lo veía con una mirada burlona. Era una caja negra, realmente no era muy grande, pero era lo suficientemente pequeña para caber en un bolsillo y además, tenía una cerradura ahí en medio, una que brillaba en un plateado único.
Así, mientras la miraba, comenzó a hablar.

—Los humanos se empeñan a decir que hay algo como “dioses”, aun cuando la creación del mundo como ellos creen, es totalmente diferente. ¿Qué pensarían ellos si supieran que nosotros no somos más que la mera imaginación de un demonio frustrado?

Acercó su otra mano hacia la caja negra. En esa mano, había una llave dorada. La llave dorada que abría esa caja. Esa llave anteriormente había estado en manos de Kurō —que la robó cuando Ayato y Haku le perseguían por primera vez—, pero ahora la tenía él después de esos momentos tan amargos de antes.

—¿Si no lo hago yo…quién lo hará?

Y lentamente, fue acercando la llave a la cerradura.
Si abre esa llave, todas las historias terminarán. Pero su deseo será concedido, no está dispuesto a detener su ambición por vidas que no ayudan en nada. Él únicamente quiere a alguien y ese alguien aparecerá únicamente si abre esta caja.
Independientemente si el mundo se va a la mierda.

—¡¡DETENTE!!

Él hizo caso omiso de la advertencia y ese fue posiblemente su peor error. Antes de darse cuenta, su mano faltaba, en cambio ahora la sangre chorreaba por todos lados. Alguien la había cortado.
Hizo una mueca de dolor y miró a su atacante. Era nada más que Kaoru con esos mismos penetrantes ojos rojos que comparte con su hermano Kurō. Su espada ensangrentada y después miró como su mano caía al suelo aun sujetando la llave dorada.

—Tú, maldito mocoso… ¡¿Qué esperan?! ¡¡Atáquenlos!!

—Prepárense —Haku ordenó mientras se preparaba—. Este hombre no solo tenía a ese demonio a su mando.

—Pero sin duda no están tan exageradamente fuertes como ese —Ayato se burló—. Me pregunto cómo le estará yendo a Kurō.

—Deja de pensar en él y ponte atento, Ayato —pidió Kazumi mientras sacaba su espada—. Y Kaoru, no dejes que el Rey escape. Nosotros nos encargaremos de los demonios.

—¿Están seguros? —Preguntó dudoso, a lo que Kazumi asintió de vuelta.

—Sólo date prisa y procura que nada de esto haya sido en vano —avisó Ayato—, de otra manera te patearé, ¿entendiste?

Kaoru asintió, antes de visualizar que el Rey se escapó, mientras que decenas de sombras salían desde el suelo. Eran demonios, sí, pero no poseían cuerpos humanos. Estaban en su forma original, formas de bestias repugnantes y etéreas. Los cuatro chicos se pusieron en posición, dejando a Kaoru chance para ir atrás del Rey, no sin antes de que Kim le dijera algo.

—Kaoru… después de esto…

—Lo sé, Kim —él pareció sonreír—. Me aseguraré de que no ocurra. ¡Por favor, intenten resistir!

—¡Sólo apresúrate! —Ordenó Kazumi.

Kaoru asintió y después fue detrás del Rey, intentando seguirle el paso.
Antes de pelear contra los demonios, Haku visualizó algo brillante en la mano cortada que perteneció al Rey. Sería peligroso que cayera en manos equivocadas y después la tomó. Acto seguido, como si hubieran tomado eso como un acto de pelea, todos los demonios se lanzaron en contra de ellos.
Ayato usó sus extremidades y velocidad como su arma, mientras que Haku peleaba a puño limpio y con sus extremidades también.
Kim y Kazumi eran buenas con las espadas y demostraron firmemente que no necesitaban de la ayuda de los demonios aliados para luchar en contra de los malignos. Kazumi era la que no mostraba ni la mínima pizca de piedad. Los cortaba de la manera más fácil y posible que pudiera. Siempre, cuidándole de paso las espaldas a sus compañeros.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

¿Cuál era tu verdadero nombre, me pregunto? —Oswald se burló al ver que Kurō aún no se movía en lo absoluto— Era algo como Kamui, ¿verdad? Ese chico que fue tratado siempre como una mierda por el Rey y aun así, ahí estaba, como un perrito faldero. Aunque ciertamente, eres un canino realmente desobediente. Realmente, odio a los caninos.

Y cuando terminó de hablar, rápidamente fue a atacar a Kurō embistiendo todo su cuerpo contra él o al menos, lo que él creyó que era él. Antes de que llegara a Kurō, éste saltó y le dio una fuerte patada en la cara a Oswald, haciéndolo retroceder unos metros y haciendo incluso que sacudiera su cabeza tras el impacto.
Kurō volvió a llegar al suelo con total calma. Después, miró a Oswald con su Kigan rojo encendido. Su mirada no mostraba ningún sentimiento, ni siquiera odio hacia esta persona. Únicamente era una mirada serena.

—Y yo odio a los gatos. Supongo que ninguno de los dos está a gusto con él otro. Así qué, esto será a muerte, ¿no crees?

Tú…maldito zorro…

Una vez más intentó atacarle lanzándose a por él, pero una vez más fue obligado a retroceder por culpa de Kurō. Sin embargo esta vez fue un poco más confuso, Kurō no le golpeó si no rasguñó. Esto fue notado por Oswald, que notó que había comenzado a sangrar de una de sus patas.
¿Eso era posible? Se suponía que su piel era impenetrable, incluso los chicos de hace rato no le lograron hacer nada en lo absoluto. Y este…este chico fue capaz de cortarle con sus uñas de manera limpia, como si se hubiera tratado de una rebanada de mantequilla. Y entonces, al ver que Kurō sonrió por debajo con cierta jactancia, Oswald se enfureció y sin dudar, atacó otra vez.
Era inútil, cada ataque que él daba era esquivado con facilidad y devuelto por Kurō, incluso con sus colas era incapaz de hacerle algo.
¿Por qué? ¿Por qué? Hace dos años este chico era incapaz de hacer esto. Era débil y eso fue lo que conllevó a que lo traicionaran y humillaran de tal manera. Le cortaron los tendones, quebraron sus huesos y quemaron su garganta, todo para que no sobreviviera. Ahora está aquí, dándole una buena pelea totalmente desigualada, intentando hacerse el héroe que nunca fue. Aun cuando él está en forma de bestia y Kurō en su forma humana, éste es capaz de estarle dando una buena paliza.
Así fue como se cansó de él y no dudó en atacarle ya de forma frenética, no será derrotado por él. Jamás. Es un demonio de la soberbia, uno de los más fuertes que es capaz de destronar al temible y original Kurogitsune. Él podría hacerlo.
Con ese pensamiento, justo antes de que Kurō le diera otra patada, le mordió fuertemente, atravesando con sus colmillos su pie y haciéndolo sangrar de manera abundante. Sin embargo, Kurō no hizo ninguna mueca de dolor y le dio otra patada con su otro pie y cuando soltó el otro, con ese también.
Estaba comenzando a cansarse y cuando retrocedió, intentó mantener su orgullo al máximo.

¿Realmente tú crees que podrías vencerme sin necesidad de tus colas? Eso es muy imprudente de tu parte. Pero claro, no puedes usarlas, ¿verdad? Las destruí.

Kurō sonrió.

—Entonces… las usaré si es lo que quieres.

Y tal como dijo, las nueve colas salieron de manera rápida desde la parte baja de su espalda. Tan blancas, brillantes y majestuosas como siempre. Todo lo contrario a las extremidades de otros demonios que siempre son de un color oscuro. No llegaba a parecer que anteriormente habían sido heridas de tal manera que fueron obligadas desaparecer.
Su soberbia únicamente empeoró sus cosas, pues no solo hizo que Kurō fuera a ponerse enserio, sino que también aumentó su ego. Y eso pudo ser notado gracias a su sonrisa discreta pero a la vez radiante.
Oh…había esperado dos años para esto.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Tan pronto como Kim cortó a uno de los demonios, otro fue rematado por Kazumi.
Cuando Haku se deshizo de otro, fue rematado por los proyectiles de Ayato.
Entre los cuatro se las apañaban muy bien contra los demonios, aun si eran numerosos podían perfectamente pelear en su contra. Un buen equipo sin duda, tan coordinado que hasta daba miedo el saber que no estaban entrenados para ellos.
Sin embargo, también tenían sus faltas, faltas que poco a poco fueron arreglando. Kazumi procuró no poner en desventajas a sus compañeros otra vez y evitar lo que sucedió con Kim durante la batalla contra Daisuke. Lo mismo pasaba con Ayato, quien secretamente cuidaba las espaldas de Kazumi, alguien que sorprendentemente y jamás admitiría, consideraba una gran amiga. Porque fue capaz de dejar de lado sus diferencias como especies y ayudó en la estancia de su trabajo como equipo.
Gracias a ese pensamiento, todos hacían una gran coordinación que lentamente hacía retroceder a uno y más demonios.

—Realmente nos las estamos arreglando, ¿verdad? —Haku agregó con una sonrisa— Me pregunto cómo les estará yendo a Kurō y a Kaoru.

—Seguro que de maravilla —agregó Kim, segura de sus palabras—, ¡Así que procuremos acabar con esto rápido!

—¡Sí!

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Kaoru le siguió las pistas al Rey al ver el camino de sangre que dejó detrás de sí. Y finalmente después de caminar unos minutos lo encontró. Su piel más pálida que lo de costumbre, tirado en el suelo recargado en un árbol debido a la sangre que perdía después de perder su brazo. Y aun así, se negaba a dar la caja negra. Incluso a Kaoru, quien prácticamente no tuvo ningún contacto con él como su hermano. Y confuso, sorprendido ante la necedad de su padre, no pudo evitar preguntar…

—¿Por qué quieres tanto esa caja? ¿Qué es lo que quieres de ella?

Esperó unos momentos. Por un seguro se dio por vencido, pensando que su padre no le respondería. Pero abrió los ojos con sorpresa cuando lo hizo.

—Si lo hago… si puedo ser capaz de controlar esta caja… ella volvería. Ella volvería. Mi querida….

—¿Tú querida…?

—Mi querida hija.

—Pero tú no tienes ninguna hija… —por unos momentos pensó sus palabras, hasta que finalmente cayó en cuenta en ellas—. ¡¿T-Te refieres a…?!

El Rey sonrió, sabiendo ya su destino. ¿Qué más daba el decir todo? Ya lo había perdido y no lo recuperaría. Para nada. No importaba lo que pensarían de él ahora, puesto que iba a morir en minutos si no es que segundos. Al menos le gustaría que uno de sus dos hijos lo supiera bien.

—Hija…era el término que usaba con tu madre para que nadie se enterara. Suena estúpido, lo sé. Pero no me interesa. Ustedes me recuerdan mucho a ella y por eso los odio. Los odio con toda mi alma. Porque ustedes tienen la culpa de todo esto. Si ustedes no hubieran nacido… nosotros hubiéramos sido muy felices.

Kaoru suspiró. Al contrario que Kurō, aunque sus palabras eran tan hirientes como dagas atravesándole el pecho, fue capaz de controlarse mejor.

—Siempre me preguntaré que fue lo que ella vio en ti. Admito que eres mi padre y aun así te quiero como tal. Sin embargo, lo que le hiciste a Kurō… es algo que no puedo tolerar —notó que el Rey hizo una mueca de dolor. Entonces, sacó su espada que aún permanecía ensangrentada y entonces, la apuntó hacia el cuello del Rey—. Descuida, solo duerme ya…Papá.

Y entonces, agitó fuertemente su espada y la sangre se derramó en todo el suelo, parte del árbol y su cara. Antes de darse cuenta, se percató que sus compañeros ya lo habían alcanzado y alcanzaron a ver la ejecución del Rey.
Kaoru les sonrió únicamente, pero podía notarse que su sonrisa era ciertamente forzada.

—Kaoru… —Kim rápidamente se acercó a él— Lo siento… debió ser difícil para ti. —Puso una de sus manos en uno de sus hombros, mientras Kaoru bajaba su cabeza en aceptación a sus palabras—. Pero fue lo mejor, ¿no crees?

Ayato no dudó en acercarse al cadáver del Rey y tomó la caja negra. La miró por unos momentos y después se la enseñó al grupo.

—Tanto alboroto por esta pequeña cajita.

—Pero esa cajita es capaz de destruir el mundo de así quererlo —agregó Kazumi—. ¿Qué hacemos con ella?

—Debe estar con su verdadero dueño —Haku se la quitó a Ayato, quien hizo una mueca de disgusto—. Con ello, me refiero que debe estar en manos de Kurō, de lo contrario, debería ser destruida pero…

—¿Pero? —Preguntó Kazumi.

—Es difícil de decir. Lo mejor… es que vayamos con él. Debe necesitar de nuestra ayuda.

—Yo creo que posiblemente se las está arreglando —Ayato afirmó mientras ponía sus manos detrás de su cabeza—. Aunque ciertamente, deberíamos ir a echar un vistazo. No es como si fuéramos a ayudarle después de lo que nos hizo, ¿verdad? Porqué…él nos traicionó, ¿verdad?

Cayeron en cuenta, que Haku y Ayato no habían sido testigos de aquellas palabras tristes pero a la ves alegres de Kurō. Y que él sería capaz de hacer lo que fuera con tal de protegerlos.
Es por ello, que ellos deberían hacer lo mismo.

—Iremos con Kurō —afirmó Kim sin ninguna objeción en su contra—. Y lo ayudaremos.

+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+w+

Kurō rápidamente atacó a Oswald con sus nueve colas, siendo que Oswald tenía seis le era difícil pelear contra él. Si usaba algunas de defensa, el zorro siempre tendría más para atacarle e incluso para defenderse. Oswald contaba con tres de ataque y tres de defensa, que antes eran dos, pero se vio obligado a aumentarlas.
Al ver la desesperación en la que Oswald comenzaba a caer, Kurō pareció reír en voz baja mientras inyectaba sus colas en su lomo como si fueran jeringas. Seguidos los momentos, Oswald perdió su forma de gato gigante para adquirir una vez más su forma humana en contra de su voluntad.
Sorprendido, tartamudeo con los ojos abiertos como platos.

—¡¿P-Pero qué demonios…?! ¡¿Cómo…?!

—¿No lo recuerdas? —cuestionó burlonamente Kurō, acercándose a él lentamente— Soy Kurogitsune. Puedo hacer lo que me plazca con quien sea.

Y con sus nueve colas atacó a Oswald, obligando a este a esquivarlas. Por suerte, él mismo podía continuar usando sus seis colas y con estas atacó a Kurō. Claro que si éste mostraba ya ventaja contra él incluso en Bestia vs Demonio, ahora que estaban parejos, era un hecho que le ganaría, un hecho que se negaba a creer y daba lo mejor de sí para ganar. No podía permitirse perder. No con un intento de demonio como él, que ni siquiera puede tener unos Kigan normales.
Todo en ese chico era anormal. Su Kigan, sus colas, su alma, todo, era un chico especial…y eso lo hacía enfurecer.
Cuando Oswald intentó contraatacar con sus seis colas, Kurō finalmente dio el golpe final cortándolas con una sola de las suyas y con las otra ocho, azotando a Oswald contra el suelo de tal manera que incluso quedó un agujero y su cuerpo ensangrentado, pero aún vivo.
Después, lentamente Kurō se acercó a él y puso uno de sus pies en su cabeza, restregándola contra el suelo.

—Anda. Arrepiéntete de todo.

Cuando Oswald sintió una de sus manos torcerse de una forma anormal y totalmente forzada, soltó un chillido de dolor. Después sintió como una de las colas de Kurō le asfixiaba de tal forma que no podía hablar ni respirar. Aunque el respirar no importaba en realidad. Pero, entonces, fue cuando calló en cuenta que…Kurō le estaba haciendo lo que él le hizo hace dos años.

—Arrepiéntete y pide perdón.

Entonces cortó uno de sus tendones. Después el otro y después quebró su otra mano.
Esto era una humillación para un demonio de la soberbia como él, uno de los del alto mando. Ahora, estaba sintiendo lo mismo que le hizo sentir a Kurō hace dos años. No podía hacer lo que él le pide, porque le está cortando el paso a su garganta para hablar.
Él lo hizo hace dos años.
No lo dejará huir porque quebró sus huesos y cortó sus tendones.
Él lo hizo hace dos años.
No lo dejará ni siquiera levantar la cabeza porque ahora mismo la está pisando y restregando contra él suelo.
Él lo hizo hace dos años.
Kurō entonces suspiró al ver que no le respondería —aunque ni siquiera le daba la oportunidad de hacerlo—. Y recordó unas pequeñas palabras que escuchó antes de llegar a salvar a sus compañeros. Sonrió y entonces las emitió.

—No puedo soportar ver el rostro de un demonio tan repugnante como tú —se burló, emitiendo las mismas palabras que Oswald dijo en ese momento, antes de atacar a sus amigos—. Resulta que tengo un poco de hambre…supongo…que no te molestará si te como aquí y ahora, ¿verdad…?

Oswald abrió sus ojos como platos al sentir como las colas de Kurō lo envolvían y lentamente se acercaban a su pecho. Sabiendo…que ahí se refugian las almas de humanos, lo que los demonios devoran.

++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++++

¡Listo! ¡Hasta aquí el capítulo de hoy y que de hecho, ya es el penúltimo! *-* así es, mañana les traeré el último cap que realmente espero que sea bueno y finalmente acabe todo (Obvio, es el final, Kim x.x). Espero que les guste y no les haya aburrido :3 Así que, sin más, Kim-chan se despide dejando un arcoíris detrás.

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Re: Shiroku no Some (Capítulo 11)

Mensaje por Akiru el Miér Jul 22, 2015 12:06 pm

Woooo todo lo k hizo kuro a oswald se lo merecia pobre kuro seguro fue doloroso u.u para el sufrir eso asi k entiendo el xq lo hizo y lo de kaoru ese hombre fue muy cruel no merece ser su padre QoQ yo lo huviera matado en cuanto dijo k por su culpa murio su madre k feo .. me alegra k kaoru lo matara a un k seguro fue dificil para el u.u tu fic esta increible me encanta espero conti ansiosa

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